Equilibrio familiar

Un principio básico de la física cuántica compartido con la psicología es el de «complementariedad»también conocido como polaridad.

En la naturaleza todo se expresa en forma polar. Todo se expresa desde la dualidad, aunque más que opuestas estas expresiones son complementarias, es decir, el uno no sería sin el otro.

Transitar estas polaridades es vivir. Esto se complica por medio de nuestros juicios, prejuicios, valores fijos, a través de nuestra identificación con una más que con la otra, al pensar que esto es correcto y esto un error. Este posicionamiento nos hace perder de vista gran parte de la naturaleza que conforma nuestra realidad.

Cuando se entiende la función de estos posicionamientos se puede utilizar de acuerdo al contexto en cuestión desde la flexibilidad y la adaptación. El problema reside en nuestra percepción que hace que nos posicionemos, si es en exceso se produce un desequilibrio. Es importante observar este exceso y si nos conviene seguir posicionándonos o encontrar una alternativa que equilibre los opuestos.

La información sobre un drama familiar suele estar relacionada con el posicionamiento excesivo de uno de sus miembros y de cómo dicho posicionamiento, a su vez, supuso un estrés para el sistema familiar. Esta información almacenada en el inconsciente se transmite a la siguiente generación y cualquiera de sus miembros puede vivir el mismo tipo de situaciones desde cualquiera de las dos polaridades. El clan familiar siguiendo la misma tendencia que el universo tenderá a equilibrarse, por lo que la adaptación de las siguientes generaciones pasa por buscar el equilibrio y compensar dichos excesos, bien desde el mismo posicionamiento o bien del opuesto o complementario.

El equilibrio del sistema familiar conjunto viene determinado por el equilibrio de cada uno de sus miembros. Para ilustrar este fenómeno del inconsciente podemos observar el siguiente caso de violencia doméstica, en el que el hombre maltrata física y/o psicológicamente a la mujer y ésta lo consiente mientras se percibe como víctima de la situación.

Ambos representan las dos polaridades de la desvalorización. La mujer tenderá a justificar su posición argumentando que su pareja es culpable y ella inocente; que ella tiene razón y él no; que él es responsable y ella no. Está evitando toda responsabilidad, lo cual, a nivel biológico, la coloca en una posición de indefensión. Tras toda una vida coexistiendo bajo dicho estrés, esta información acaba transmitiéndose a las siguientes generaciones que pueden mostrar el:

  • comportamiento complementario: Por ejemplo, ser una persona hiper-reactiva a cualquier estímulo que pueda interpretarse como un ataque, sintiendo con urgencia en todo momento que debe defenderse y actuar, sobre todo si está implicado un hombre. Su programación inconsciente le lleva a exponerse de forma continua a situaciones de esa naturaleza para poder equilibrar las polaridades y trascender los opuestos. Mientras se encuentre polarizada, seguirá viviendo el conflicto, ya sea como agresora o agredida.
  • mismo comportamiento: se daría si la persona experimenta de nuevo situaciones de maltrato y violencia. Aunque la repetición refuerza la polaridad también busca un equilibrio, que en este caso, pasa por empezar a respetarse ante una situación de maltrato de mismas características. La persona debe pasar por esta experiencia y aprender a bascular de un extremo a otro, de la indefensión al respeto. Este proceso no puede aprenderse ni aplicarse en situaciones en las que el ambiente no es hostil.

El primer paso para trascender un conflicto es experimentarlo. La emoción vivida en ese conflicto nos empujará a movernos y evolucionar. Una emoción atendida es nuestro mejor aliado para crecer, siendo el elemento necesario e imprescindible dentro del ambiente estresante para poder realizar un cambio y trascender el conflicto.

Además, cuando un miembro de la familia trasciende un conflicto, facilita el cambio en el resto de miembros de la familia.