y sin dolor
nuestro inconsciente colectivo guarda la memoria de muchos años de creencia de que el parto es con dolor. Esta es la “verdad” que nos hemos construido, y no conocemos otra forma de vivir el proceso.
La manera cómo se considera el parto es equivocada y procede de conceptos falsos. Pero la realidad puede ser tal y como nosotros la escojamos y no tal como se nos ha establecido previamente.
“Si no te gusta el mundo que ves, que sepas que no lo puedes cambiar, más si cambias la forma de verlo, cambiará tu universo”.
Albert Einstein
Somos libres en la medida en que nos sentimos seguros de explorar y efectuar el cambio.
En relación al parto tenemos dos opciones:
El miedo (separación de la Naturaleza):
Creación de la mente y adopta multitud de formas provocando desequilibrio, inseguridad, dolor y sufrimiento.
Nos hemos identificado con la separación (miedo), creando un personaje imaginario. Vivir el parto desde el miedo es el resultado de la gran desvalorización del ser humano y de la represión sexual de la mujer.
El Amor (Naturaleza):
Es un estado inmutable.
Cuando el parto se vive en equilibrio con la Naturaleza, ésta nos facilita todo lo necesario para que el proceso sea natural y sin dolor.
El funcionamiento básico neuromuscular del útero (matriz), consiste en unos músculos longitudinales y otros circulares que funcionan como un par sincronizado.
Los circulares son los que cierran y los longitudinales son los que empujan para hacer descender el feto.
Cuando esto sucede, el sistema nervioso simpático que inerva las fibras circulares, tiene que desactivarse para que estas fibras aflojen la tensión y no ofrezcan resistencia al movimiento de las longitudinales, que están inervadas al sistema nervioso parasimpático.
Este funcionamiento nos lleva a concluir que:
El miedo que mantiene activo el simpático, es el que produce el parto con dolor, porque mantiene las fibras circulares contraídas y apretadas ofreciendo resistencia al movimiento de las longitudinales.
Los tirones que entonces pegan las fibras longitudinales a las circulares, producen el conocido dolor del calambre (la distensión de los músculos del útero y el dolor de las contracciones del parto, en realidad son calambres).
El dolor simplemente es un aviso de que los músculos están en tensión y hay que entenderlo como tal, para así evitar el miedo al dolor que se retroalimenta provocando calambres cada vez mas fuertes.
Si a través de un acto consciente activamos el sistema nervioso voluntario, adoptando un estado de confianza y relajación, éste tiene fuerza sobre el funcionamiento del sistema nervioso autónomo (simpático y parasimpático) para cambiar la información de miedo y evitar el calambre y por tanto, el dolor.
Como hemos dicho en la concepción, la oxitocina es una hormona que desempeña un papel fundamental tanto en:
- el acto sexual,
- en el parto, y posteriormente
- en el despertar del instinto maternal y
- en el de la responsabilidad paterna.
Distintos estudios han demostrado que la secreción de la hormona de la oxitocina, puede controlarse a través de la mente y las emociones.
Los músculos del útero tienen receptores de oxitocina (también llamada hormona del placer), y esto indica la existencia de un dispositivo específico para activar el reflejo muscular; un dispositivo que forma parte del sistema sexual, ya que el tipo de mecanismo que activa la eyección del flujo que lubrifica la vagina para el coito, o el que bombea el líquido seminal desde la vesícula seminal y produce el reflejo de eyección del semen, es el mismo que el del reflejo de los músculos uterinos para el proceso del parto.
Así pues, el útero es el órgano de expansión del placer por antonomasia y el parto es por naturaleza orgásmico. El parto orgásmico se produce porque el propio movimiento del útero es, en sí mismo, productor de placer, siempre que los músculos funcionen acompasadamente que es lo que sucede cuando el parto se produce de forma natural y se activa según la forma establecida filogenéticamente, por el sistema sexual de la mujer.