Huella epigenética de los progenitores en los hijos

La influencia de la madre sobre su hij@ es fundamental. El amor de una madre puede significar toda una diferencia en el desarrollo de la vida de un niñ@.

La capacidad del cambio epigenético para persistir a través de generaciones todavía sigue siendo objeto de debate, la controversia fundamental radica en ¿el bebé nace «puro» (sin metilación) y tras su nacimiento se metila por la crianza de los padres, o bien la metilación ya se transmite a través del óvulo fecundado?

El neurocientífico Eric Nestler en búsqueda de la respuesta realizó un experimento en el cual expuso unos ratones macho a diez días de intimidación (por ratones mayores y más agresivos). Transcurrido el plazo los ratones expuestos mostraron un comportamiento social introvertido.

Igualmente promovió la reproducción de estos ratones intimidados aunque les impidió encontrarse con su descendencia. El resultado obtenido con esta separación fue que pese a la misma, los descendientes de los ratones deprimidos eran hipersensibles al estrés, en palabras de Nestler: «no fue un efecto sutil, las crías fueron dramáticamente más susceptibles a desarrollar síntomas de depresión«.

La epigenética confirma la importancia que tiene cómo lleva la vida el padre antes de concebir a su hij@ puesto que supone dejar una huella en la salud de su futura descendencia.

Según Meritxell Jodar investigadora de la Universitat de Barcelona y especializada en el ácido ribonucleico o ARN del espermatozoide la investigación actual está demostrando que la influencia del padre es mayor de la que se pensaba dado que los hábitos del varón desde su infancia o adolescencia pueden acabar condicionando su futura descendencia.

«Ni la mujer es la única responsable, ni hay que cuidarse sólo durante el embarazo, porque lo que la ciencia está mostrando es que también cuenta la vida llevada antes de la concepción tanto por el padre como por la madre.»

Meritxell Jodar

A modo de ejemplo, Jodar cita un estudio que demuestra que los machos sometidos a un trauma al nacer (separación inmediata de la madre) presentan comportamientos depresivos y cambios en la población de las moléculas del ARN que regulan la síntesis de las proteínas (o micro ARN) presente en los espermatozoides. Y sorprendentemente, su descendencia -que no sufrió directamente dicho trauma- mantienen los mismos cambios de comportamiento.

Otras investigaciones demuestran que la alimentación de los ratones macho antes de la concepción afecta al metabolismo de su descendencia y puede condicionar cuestiones como la intolerancia a la glucosa o la resistencia a la insulina de sus futuros hijos, algo que esta relacionado con el desarrollo de la obesidad y diabetes, en este sentido los últimos hallazgos publicados en Science apuntan a que esta información se transmite a través del ARN del espermatozoide.

Y en relación a investigaciones con humanos también parecen apuntar a la influencia de la experiencia de los padres en la saluda de sus futuros hijos.

«Estamos acostumbrados a oír hablar de la importancia de la edad de la madre para la salud del bebé, ya que se ha comprobado que a mayor edad mayor probabilidad para el bebé de tener síndrome de Down; pero resulta que hoy disponemos de estudios que sugieren la edad del hombre también influye, que aunque el varón no deja de ser fértil y puede tener hijos a cualquier edad, se ha observado que los niños con padres de edad avanzada tienen una mayor predisposición a sufrir desórdenes relacionados con el autismo, la esquizofrenia o trastornos bipolares.»

Meritxell Jodar

En este sentido parece existir una vinculación entre un padre fumador y su hijo que puede mostrar una mayor propensión a la leucemia. Si el padre pasó hambre su descendencia mostrará menor tendencia hacia las enfermedades cardiovasculares frente a los descendientes de padres sobrealimentados en su adolescencia.

Las investigaciones sobre infertilidad masculina constatan una relación entre los problemas de obesidad y la información que transmiten los espermatozoides. Se ha podido comprobar que los genes no están distribuido por igual en el expermatoide humano, sino que los más importantes para la primera fase de desarrollo están organizado en las regiones donde se condensan las histonas (pequeñas proteinas que organizan el ADN en todas las células del cuerpo pero que en los espermatozoides sólo quedan restos asociados a un 8% de los genes), de manera que todo lo que afecta a dichas histonas acaba siendo una marca epigenética que puede determinar que un gen se exprese o no o que se tramita o no a las células hija.

«Sabemos que factores ambientales como la alimentación y la radicación son capaces de cambiar nuestros patrones epigenéticos, es decir, las modificaciones químicas que controlan nuestro genoma activando o inactivando nuestros genes; una cuestión distinta y más controvertida es si esos cambios epigenéticos pueden pasar a la siguiente generación, si afectan a las células somáticas no se heredan pero si afectan a las células germinales, como los espermatozoides y óvulos, si que pueden teóricamente pasar a nuestros hijos»

Manuel Esteller, director del programa de epigenética y biología del cáncer, Instituto Investigación Biomédica de Bellvitge.