La herencia de nuestros ancestros

Para el oncólogo Manel Esteller el cáncer es una enfermedad epigenética. Argumenta que los radicales libres tienen mucho que ver con la génesis del cáncer. Explica que éstos se adhieren a un fragmento del ADN comportándose como un interruptor haciendo que el gen quede silenciado, como un gen que evitase el desarrollo de un determinado tumor.

Para el doctor Esteller la metilación es esencial para la vida ya que está presente en numerosos procesos biológicos como el embarazo, el crecimiento y el envejecimiento.

«la metilación por sí sola no es buena ni mala, es una mera cuestión fisiológica. El problema se encuentra cuando «se pasa o no llega» la alteración química, solo entonces aparecen las alteraciones que pueden ser de tipo tumoral o de otro tipo, como la espina bífida, por ejemplo.»

Manel Esteller, oncólogo.

La epigenética marcará la diferencia entre individuos, incluso entre gemelos. Todo esto nos aleja del paradigma actual.

La herencia epigenética de las experiencias traumáticas tiene que ver con la salvaguarda de la especie, es decir, tiene un sentido de supervivencia.

Además tiene otro objetivo, guardar la información permite poder desaprender y trascender la información a fin de que nuestros descendientes queden libres de condicionamientos.

Si una abuela vivió experiencias traumáticas en relación a tener hijos, porque alumbró hasta 13 y tuvo que criarlos sola y sin protección paterna; es lógico que sus descendientes hereden una predisposición a no tener hijos, bien teniendo dificultades para encontrar pareja, padeciendo algún defecto biológico que impida la reproducción o careciendo del deseo de tener hijos; puesto que la información es de «conflicto en relación con los hijos» en el inconsciente familiar que se va transmitiendo de generación en generación.

  • En general , los estudios epigenéticos y conductuales demuestran que:
    1. cualquier cosa puede ser transmitida de padres a hijos, y que
    2. los acontecimientos dolorosos pueden llevar a:
      1. conductas adictivas,
      2. soportar maltratos,
      3. buscar reconocimiento,

entre otros, por la simple razón de no sentirnos queridos en lo más profundo de nuestro ser.

Somos la expresión de nuestros genes, pero sobre todo, somos la expresión de nuestro epigenóma.

Nuestras vidas son la expresión de estos programas y cuanto antes tomemos conciencia de ello, antes dispondremos de las herramientas para poder trascenderlos, sanar y ser dueños de nuestras vidas.