¿Qué emociones experimentamos en nuestras relaciones personales, laborales y psicosociales? ¿Seguimos cayendo aún en la trampa de culpar al otro? ¿seguimos olvidando que estamos frente a nosotros mismos? ¿Aún no tenemos en cuenta que las circunstancias que nos rodean han sido creadas por nosotros mismos?
Cuando experimentamos una emoción, nuestro inconsciente no tiene en cuenta lo que hacemos sino cómo lo estamos viviendo y sintiendo.
Este es el motivo de que la gente se ponga enferma (cualquier sintomatología) o bien de que le sucedan cosas (cualquier contratiempo, vicisitud, problema, discusión) puesto que basamos nuestras acciones en la creencia de tengo que hacer cosas que no sentimos y además nos engañamos con nuestras explicaciones y justificaciones, así que podemos decir que enfermamos seriamente gracias a mentirnos a nosotros mismos.
Así pues, sólo las personas con coherencia emocional o coherencia lumínica (descubrimiento de Fritz Albert Popp) están sanas y si enferman solo tienen que recuperar su coherencia emocional para volver a sanar.
La represión de nuestras emociones viene dada por la creencia en que algunas son correctas y otras incorrectas, este error hace que las emociones incorrectas se repriman y queden almacenadas en el inconsciente, esto hace que enfermemos de ahí la importancia de recuperar la coherencia emocional y de conocer a nuestro Mr. Hyde.
Solamente dejaremos de ser asesinos cuando amemos a nuestros asesinos.
Buda
La represión de nuestras emociones además nos hace vivir en la dualidad y no en la unidad (todos somos Uno), permaneciendo en la interminable lucha del bien y del mal.
Pues bien, esta manera de ver el mundo nos impide evolucionar y además nos enferma, igual deberíamos cambiarla.
Nuestras más profundas creencias se convierten en un patrón que va a dar forma a todas nuestras experiencias. Es necesario abandonar la creencia de que existen otras causas aparte de nuestro estado de conciencia.
Entender que lo que nos pasa en la vida es la respuesta a cómo nos sentimos y vivimos nuestra vida es fundamental para plantearnos ¿cómo pensamos? ¿para qué me ocurre esto? ¿qué me estoy diciendo para vivir esta situación? ¿cómo me trato para que me traten como me tratan?
Siendo capaces de plantearnos estas cuestiones podremos entender y pasar a bendecir y agradecer a nuestros espejos, en lugar de juzgarlos y criticarlos. Ahora sabemos que sin el otro, sin el espejo no podríamos conocernos a nosotros mismos al no poder hacerlo por nosotros mismos.
Vivir en este paradigma de la conciencia de unidad resulta sencillo si abandonamos nuestras expectativas y la creencia de esto es bueno esto es malo, si vivimos como si todos nuestros sueños se hubiesen hecho realidad, si renunciamos a juzgar, entendiendo que siempre hay un para qué.
¿Qué es lo que más deseamos?
Pues renunciemos a dicho deseo: quién tema por su vida la perderá y quién ame la vida la ganará, en palabras de Jesús. Si nos aferramos a nuestros deseos viviremos el deseo, la necesidad que puede no alcanzarse nunca o una vez alcanzada no nos sacia.
Los pensamientos y emociones son los vehículos que llevan a nuestro inconsciente nuestra forma de percibir y entender el mundo que vemos y la interpretación que le damos. Sin emoción no hay comunicación con el inconsciente.
Enric Corberá