Expresión emocional

Nuestra vara de medir el mundo parte de nuestras propias características y de la necesidad de proyectarlas fuera para poder hacerlas conscientes. A través de esta dinámica el ser humano puede desarrollar su psique.

Cada opinión, sea positiva o negativa, es un juicio que nos impide ver qué está sucediendo en realidad. Así es como podemos distinguir el «estímulo» (engrama) de la «causa» (información interna).

  • Un estímulo es algo que percibimos por los sentidos y que suscita una reacción en cada uno de nosotros.
  • Una causa es la razón profunda por la cual es necesaria una reacción determinada por nuestra parte.

Conviene recordar que no es negativo posicionarse; de hecho, es necesario. El problema viene cuando el posicionamiento es rígido.

Siempre que juzgamos a una persona, le ponemos una etiqueta que nos impide apreciar su complejidad, sus razones y su naturaleza.

De hecho, ver el exceso en el otro nos advierte de nuestra propia polaridad.

El primer paso para poder expresarnos emocionalmente es eliminar la opinión de lo que nos está sucediendo.

Solamente siendo conscientes de cómo nos expresamos, sabremos cuál es el mensaje que realmente estamos comunicando.

Para conseguir una comunicación eficaz es importante prestar especial atención a nuestro lenguaje no verbal, por mucho que cuidemos nuestras palabras, tenerlo en cuenta es la única manera de poder hacernos responsables de aquello que queremos comunicar.

Todo aquello que nos afecta refleja una parte de nosotros mismos. Es fundamental hablar desde uno mismo, sin responsabilizar al otro de cómo me siento. Asumir la responsabilidad de lo que sentimos y mostrar nuestra vulnerabilidad propiciará una comunicación empática y fluida.

Debemos usar el lenguaje para acercarnos a nuestro objetivo deseado en lugar de destacar aquello que nos está molestando. El lenguaje no son solo palabras, refleja una actitud mucho más profunda.

Para saber expresarnos emocionalmente tengamos presente qué queremos conseguir para poder transmitirlo de una forma clara, sencilla y directa.

Ante una situación de dificultad es oportuno hacer un ejercicio descriptivo, libre de adjetivos, interpretaciones y justificaciones. La descripción nos obliga a separar la situación objetiva de nuestras aportaciones subjetivas. Esto nos obliga a desprendernos de nuestra percepción y nos invita al desapego.

La incomodidad que podamos sentir durante el proceso nos dará la primera pista sobre lo que realmente nos afecta.

Es nuestra responsabilidad decidir seguir viviendo una situación o evitarla. La comunicación será tanto más eficaz cuando menos dependa del comportamiento de terceros el resultado que pretendemos.

Realizaremos la petición sin juzgar al otro, solamente expresando nuestra necesidad, no exigimos un cambio, comunicamos un estado.

Esta forma de expresarnos tiene más poder de influencia, ya que no activa las defensas psíquicas del oyente al no hacer referencia a ningún juicio. Deja poco a la imaginación, favorece la comprensión y crea una interacción efectiva.

La comunicación, además de una acción, es un hábito y, como tal, puede ser entrenado y desarrollado.

Marshall B. Rosenberg propone las siguientes formas de comunicación para gestionar esta expresión emocional:

  • La forma menos ecológica es el castigo. Castigar es suponer una intención en la otra persona —o en nosotros mismos— y actuar «dañinamente» en consecuencia. Este nivel es el que implica menos desarrollo de conciencia.
  • La queja incluye la expresión del conflicto, pero sin responsabilizarse del mismo, aún acusa al otro o recrimina lo que sucede. Este nivel de expresión crea una necesidad de defensa.
  • La petición, es el nivel de expresión emocional más profundo y conectado con uno mismo. No hablamos del otro sino de nuestros sentimientos y necesidades con respecto a la situación que vivimos. Reconociendo nuestra necesidad no satisfecha, permitimos que la otra persona conozca nuestra situación sin hacer juicios de valor ni pretender una posición moral superior con respecto del otro.
    • Esto no quiere decir que no tomemos decisiones o que aguantemos ciertas conductas;
    • Es una forma de expresarnos emocionalmente que nos permitirá conectar de una forma más profunda con las demás personas y, en consecuencia, con nuestras necesidades reales.
    • Tomar decisiones drásticas o advertir de posibles consecuencias son dos aspectos perfectamente compatibles con este nivel. Estas decisiones nunca se harán por dañar a la otra persona sino para conseguir nuestra coherencia.