El concepto de self, de la conciencia de uno mismo, la individualidad, el sentimiento de identidad o el
Sí-mismo
Es una magnitud antepuesta al «yo consciente». Comprende no sólo la «psique consciente», sino también lo «inconsciente», y por ello es, por así decirlo, una personalidad que «también» somos… No existe posibilidad alguna de alcanzar también una «consciencia» aproximativa del sí-mismo, pues por más que queramos hacerlo consciente siempre existirá una cantidad indeterminada e indeterminable de «inconsciente» que pertenece a la totalidad del sí-mismo.
Carl Gustav Jung
Según la teoría del inconsciente colectivo el sí-mismo es el arquetipo central, el arquetipo de la jerarquía. Hace referencia a la totalidad de la persona y se representa simbólicamente por el círculo, la cuaternidad y el niño.
Es el final del proceso de individuación y resulta, de forma teórica, el centro y la totalidad de la psique. Es la instancia psíquica que gobierna al individuo hacia lo que se dirige de forma inconsciente.
Por otro lado, es considerado como el principio de coherencia, estructura y organización que permite establecer el equilibrio y la integración de los contenidos psicológicos de la persona.
Tal y como sucede con el resto de representaciones arquetípicas posee un origen innato y hereditario, por lo que no engloba todos esos aspectos aprendidos a lo largo del tiempo, sino que más bien resulta una instancia que modula los elementos que se van incorporando en la mente del sujeto.
Cualquier proceso voluntario o sobre el que tenemos “control” es un proceso del ego. El ego tiene una limitada capacidad de percepción, mediante el desarrollo de la conciencia de unidad está capacidad aumenta.
El esfuerzo para nosotros consiste en cuestionarnos, en ser honestos con nosotros mismos en entender que somos responsables de aquello que experimentamos .Nuestra esencia nos impulsa a ampliar nuestro estado de conciencia a lo largo de la vida, se trata de un proceso constante.
Además el ego que no tiene control alguno sobre los procesos “automáticos” de nuestro colectivo celular o cuerpo, si que puede aprender a separar la conciencia del cuerpo para como dice Wilber: “no percatarse casi de él”.
La capacidad de captar señales del entorno y responder a éstas hacen de nuestro cuerpo un medio de comunicación:
- La señal es percibida por el cuerpo,
- al alcanzar el cerebro cognitivo prestamos atención,
- tras su clasificación como agradable o desagradable,
- el cerebro consciente explica la señal en función de sus experiencias anteriores y creencias inconscientes.
En el campo de la psicología el primer estudio sistemático de la conciencia de uno mismo se encuentra en los Principios de Psicología (1890) de William James, quien dividió el sí mismo en tres partes que lo constituyen:
- El sí mismo material (la conciencia de su cuerpo, de su ambiente y sus bienes materiales);
- El sí mismo social (lo que cada uno cree que los demás piensan de su persona y, por otro lado, los valores y las normas que comparte con la sociedad en que vive); y
- El sí mismo espiritual (el autoconocimiento que la persona tiene de su propia existencia).
En general puede considerarse al self como el núcleo de la identidad, el centro del yo auténtico, la conciencia de sí mismo centrada en el yo personal y diferente de las demás personas, es nuestra interioridad individual que forma parte de la construcción de nuestra identidad.
A diferencia de la identidad, que está formada por multitud de factores (la mayoría relacionados con la cultura y la sociedad en que nos desarrollamos y el momento histórico en que vivimos) que se pueden describir verbalmente (soy español, varón, casado, ingeniero, católico, deportista…), el self no puede describirse, se va revelando inconscientemente a los demás a través de la relación.
Nuestro ‘ser interno’ se expresa mediante nuestra personalidad, es el núcleo instintivo de la personalidad que se manifiesta mediante comportamientos y percepciones de forma dinámica según los diferentes tipos de relación.
El sí mismo, en este sentido, se refiere a nuestros rasgos de personalidad que hemos seleccionado de entre otros muchos que han surgido de nuestras relaciones familiares y sociales. El self es el proceso que organiza y mantiene nuestro sentido de identidad, el que nos distingue de los demás, y también de nuestra personalidad adulta como independiente de nuestra infancia superada.
El sí mismo no es algo único ni puntual, sino que se desarrolla de forma continua y dinámica desde que nacemos con unas condiciones iniciales (la herencia epigenética y genética, el sistema de apego, el conocimiento relacional implícito…), y que se va actualizando en base a nuestras experiencias con la familia, las contingencias sociales y el lenguaje, por lo que es una construcción psicosocial.
Es una actividad cognitiva en proceso permanente, que consta de diferentes momentos con estados diversos articulados en una secuencia que dura toda la vida, donde participan nuestras emociones, disposiciones, conocimiento y nuestra tolerancia a los inevitables contratiempos que se dan en cualquier interacción social. Por eso el self puede cambiar.
Personalidad es la definición, la explicación de cada individuo; con ella se funda el “propium” de cada cual. es diferente entre los individuos y único en cada uno de ellos.
Dependiendo de la personalidad que posea cada persona, responderá de una u otra forma ante una determinada situación. Esta respuesta variará de uno a otro individuo.
Teorías individuales
De acuerdo a las teorías individuales, todos los individuos tienen ciertas características personales, internas y rasgos propios. Estas características no son semejantes para todas las personas, sino que podemos encontrar numerosas diferencias entre ellas, en la forma de desarrollar las mismas que adquiere cada individuo.
Cada persona actúa de una determinada manera en razón de su personalidad interna, no afectándoles el ambiente para responder de una manera u otra ante una determinada situación.
Teoría psicoanalítica
Como indicadores principales de la personalidad, esta teoría propone las necesidades e impulsos inconscientes, como por ejemplo, los biológicos y sexuales. Para Sigmund Freud, la personalidad humana es el producto de la lucha entre tres fuerzas en interacción, las cuales determinan el comportamiento humano. Estas fuerzas son:
1. ID (ello)
De donde surgen los impulsos primitivos, deseos innatos, necesidades fisiológicas. Las personas necesitan satisfacer inmediatamente estas necesidades. Se rige por el principio del placer, evita las tensiones y tiende a funcionar a un nivel muy subjetivo e inconsciente, sin que pueda afrontar debidamente la realidad objetiva, esto es, la persona no puede acceder al conocimiento de esta área por mera introspección.
2.EGO (yo)
Se trata del control consciente del individuo. Equilibra las demandas impulsivas y las restricciones socioculturales del superego. El “ello” presenta ciertas limitaciones, por las que surge el “yo”. Aquí influyen aprendizaje y experiencia, con las que el individuo desarrolla la capacidad de pensamiento realista y de adaptación social. Influye el principio de realidad. Desde el “ego” surgen las acciones que dan respuestas a los impulsos y motivos del subconsciente.
3. SUPEREGO (super-yo)
Aquí intervienen la moral social y los códigos éticos de conducta. Aquí se prohíben los impulsos del “ello” y aparece lo bueno y lo malo, la búsqueda de la perfección. El “superego” dirige a los impulsos del “ello” hacia conductas socialmente aceptadas.
Estos tres componentes deberán estar en constante equilibrio para evitar la producción de tensión en el individuo. Si se produce la tensión se forman mecanismos de defensa de manera subconsciente. Estos mecanismos pueden ser represión, proyección, identificación y formación reactiva.
Atendiendo al nivel de concienciación, Freud indica tres niveles diferentes para la vida psíquica:
- Consciente: se refiere a fenómenos que podemos conocer en cualquier momento.
- Preconsciente: para conocer los fenómenos se necesita una atención especial.
- Inconsciente: estos fenómenos se escapan a la conciencia y es muy difícil que penetren en la misma (se trata del mundo de los símbolos).
Teoría del autoconcepto
Observando los objetos del mundo exterior y sus experiencias internas, el individuo otorga un determinado significado. El individuo posee una realidad y un ideal propio, su autoconcepto es la percepción que la persona tiene de sí mismo. Podemos distinguir aquí dos factores de la personalidad de los individuos:
- El “yo” real: percepción que uno tiene de sí mismo.
- El “yo” ideal: percepción que nos gustaría llegar a tener.
En relación a lo anterior, las personas construyen su autoimagen, que se desarrolla por la interacción con otros individuos y que se puede desdoblar en cuatro clases:
- Autoimagen real: imagen que las personas tienen de sí mismos.
- Autoimagen ideal: forma en las que les gustaría verse a sí mismos.
- Autoimagen social: forma en que creen que son percibidos por los demás.
- Autoimagen social ideal: forma en la que les gustaría que les percibiesen los demás.
Teoría de los rasgos
Esta teoría se basa en lo cuantitativo y empírico, por lo que se centra en la medición de la personalidad en términos de características psicológicas específicas del individuo denominadas rasgos.
El rasgo es el factor perceptible, relativo y constante respecto del cual un individuo es diferente de otro, por lo que se considera como variable diferenciadora individual. Podemos encontrar rasgos comunes, determinados por herencia o por ambiente, relacionados con motivos, dinámicos o relacionados con la capacidad y el temperamento.
Características de los rasgos:
- Comunes a muchos individuos y variables en cantidades absolutas.
- Bastante estables, con influencia en el comportamiento del individuo.
- Deducibles con los tipos de comportamiento.
William Sheldon, en su teoría de los biotipos, sostiene que las personas con determinado biotipo tienden a desarrollar determinado tipo de personalidad. Por genética, las personas tienen una serie de características que determinarán los aspectos que se le darán bien o no y cuáles le gustarán o no. Por este biotipo, los individuos creerán que han de sobresalir en un determinado campo, lo cual influirá en la conducta y en la personalidad. Sheldon dividió los cuerpos masculino y femenino en tres componentes físicos:
- Endomorfia: con vísceras digestivas suaves, redondas y sobredesarrolladas.
- Mesomorfia: con músculos duros, rectangulares, fuertes, atléticos y desarrollados.
- Ectomorfia: alto, delgado, frágil, cerebro grande y sistema nervioso sensible.
Una vez identificados los tres biotipos, identificó también tres tipos de personalidad:
- Viscerotonía: amante de la comodidad, sociable, glotón y temperamento estable.
- Somatonía: dogmático, agresivo, activo, directo, valiente y dominante.
- Cerebrotonía: inhibido, reservado, temeroso y recatado.
Teorías sociales
Estas teorías nos muestran que la causa de la personalidad no es biológica, sino que es determinada por las situaciones que las personas experimentamos a lo largo de la vida.
Según estas teorías, las personas están impulsadas al perfeccionamiento para así poder tratar con los demás individuos y luchar por su superación, no tener sentimientos de inferioridad, lograr el amor, la seguridad y la hermandad.
Karen Horney propuso que los individuos fuesen clasificados en tres grupos de personalidad:
- Sumisos: También conocidos como condescendientes, se desplazan hacia los demás, queriendo ser amados, queridos y apreciados.
- Agresivos: Se desplazan en contra de los demás porque quieren sobresalir y ganar admiración y éxito.
- Desenvueltos: Se desplazan separando de ellos y otras personas sus emociones porque desean la independencia, autosuficiencia y libertad de obligaciones.
Alfred Adler llamó estilos de vida a las metas racionales que las personas querían alcanzar. Los individuos tratan continuamente establecer relaciones significativas y recompensantes con los demás, según Harry Stack Sullivan.
Walter Mischel propone un enfoque cognoscitivo del aprendizaje social, inspirado en la investigación del aprendizaje, el conocimiento y la psicología social. Indica como complejo al ser humano, capaz de solventar problemas y beneficiarse de la experiencia y de sus facultades cognoscitivas. Sus cinco puntos básicos son:
- Valoración de la propia conducta.
- Conocer algunos resultados de determinadas respuestas influirá en la toma de decisiones y en la forma de actuar del individuo.
- Un mismo comportamiento puede tener efectos según cómo se hacen propios estos comportamientos.
- El aprendizaje determina la conducta de una persona en gran medida, pues actuará de una forma u otra según lo que haya aprendido a lo largo de su vida.
- Cada persona tiene una determinada consistencia interna, así que no debemos generalizar.
Skinner aporta la idea de que la conducta está condicionada por una situación, la cual dependerá de las condiciones ambientales..