Ana Vico -psicóloga y coach- señala algunas características que diferencian a las personas emocionalmente inteligentes:
- Reconocen sus sentimientos y los de los demás, cuentan con un amplio vocabulario emocional, empatía, y conocen el lenguaje no verbal de las emociones.
- Expresan sus sentimientos y emociones de manera honesta consigo mismos y con los demás, conocen qué significa cada emoción en cada contexto y pueden regular la intensidad de sus emociones, para expresarlas de manera justa.
- Son fuertes y no se ofenden con facilidad, ya que tienen confianza en sí mismos y saben diferenciar entre hechos y opiniones, entre críticas constructivas y destructivas.
- Reconocen sus equivocaciones, aprenden de sus errores y no se sienten víctimas cada vez que se equivocan. Son capaces de pedir perdón y saben perdonar.
- No buscan la perfección, buscan hacer las cosas bien, no les asusta equivocarse y tener que repetir las cosas, un fallo supone una oportunidad para volver a intentarlo y mejorar.
- Se cuidan: durmiendo lo suficiente, comiendo bien y manteniendo relaciones sanas, alejándose de los problemas. Su meta es lograr el bienestar, tanto a nivel físico como psíquico.
- Se enfocan en lo positivo, evitan centrarse en lo negativo y no les asustan los cambios.
- Evitan las personas tóxicas. Suelen relacionarse con personas soñadoras y optimista, ven el mundo desde una perspectiva más sana, favoreciendo la creatividad.
- Defienden su asertividad. No tienen miedo a decir “no”, ponen límites cuando es necesario y defienden sus valores e ideales. Dicen aquello que piensan, sienten y quieren, respetando sus derechos y los de los demás.
- Aprecian y valoran lo que tienen. No se centran en lo que les falta, tienden a valorar su vida, sus relaciones, su trabajo y su estatus, aunque no sea el que esperaban tener. No se sienten frustrados por lo que no tienen, sino que se centran en vivir la vida y en seguir aprendiendo y avanzando para conseguir sus metas.
- No se quedan anclados en el pasado, viven el presente y no dedican demasiado tiempo a revivir etapas del pasado, positivas o negativas, ni a planificar el futuro, son conscientes de que cuando acaban una etapa empiezan otra y no se lamentan por lo que pudo haber sido y no fue.
- Conocen sus debilidades y fortalezas. Intentan mejorar cada día y no les asusta no ser buenos en algo cuando van a por sus sueños. Se conocen muy bien y saben cómo suplir sus carencias.
- No temen al cambio. Son conscientes de que el cambio forma parte de la vida y supone una oportunidad más para aprender y crecer. Aceptan la incertidumbre, ya que son conscientes de que no hay nada que se pueda controlar.
- Son personas proactivas, no reactivas. Se marcan metas y se mueven antes de que la situación lo exija. Proponen planes y estrategias, tienen mentalidad y actitud de éxito y actúan en pos de sus objetivos. No esperan a que ocurra algo para reaccionar, sino que están constantemente en movimiento, dibujando ellos mismos su vida.
- Son dueños de su tiempo y deciden en qué emplean sus energías. Tienen la capacidad de gestionar el tiempo que dedican al trabajo, al ocio, al estudio y al relax. Se establecen horarios y planifican sus tareas y no les importa cancelar sus planes para hacer algo prioritario. Emplean su tiempo y energías en hacer algo que realmente les llena y a compartirlo con las personas importantes para ellas y su bienestar.
- Saben autogenerarse momentos de felicidad. La felicidad es una forma de ver la vida. Conocen sus emociones y las pueden manejar a su gusto, generando así emociones agradables que les ayuden en su día a día.