Los tres niveles en los que se da el sentimiento de las emociones son:
Nivel cognitivo:
Es la capacidad de comprensión, juicio, memorización y razonamiento.
Las emociones pueden hacernos perder el control de nuestras actuaciones, provocando que reaccionemos de manera poco racional e inconsciente.
Este nivel de reacción reside en la amígdala, la parte más profunda de nuestro cerebro. En este órgano emocional no tenemos conciencia ni capacidad de decisión, ya que en él quedan registrados los sucesos que hemos vivido y las sensaciones que hemos percibido, lo que provoca que no nos olvidemos de algunos episodios del pasado y procuremos evitar que se repitan (engrama).
Nivel fisiológico:
Son las respuestas que se activarán en nuestro organismo según la conducta que vayamos a desarrollar ante una situación determinada.
Nivel subjetivo:
Esta reacción depende totalmente del individuo, que experimentará una serie de sensaciones relacionadas con la emoción que sienta en ese momento.
Se refiere a la percepción que tiene una persona ante una emoción determinada, a su manera de entenderla y percibirla.
Goleman como Ekman recomiendan pensar en las emociones en términos de familias o dimensiones y en considerar a las principales familias (ira, tristeza, miedo, asco y alegría) como casos especialmente relevantes de los infinitos matices de nuestra vida emocional.
Cada una de estas familias se agrupa en torno a un núcleo fundamental, a partir del cual nacen, a modo de olas, todas las otras emociones derivadas de ellas.
En la primera de las olas nos encontramos con los estados de ánimo, que son más variables y perduran más tiempo que las emociones. En segundo lugar, encontramos los temperamentos, que responden a la tendencia a evocar una determinada emoción o estado de ánimo que vuelve a la gente especialmente melancólica, tímida o jovial. Más allá, encontramos los desórdenes emocionales, que se dan cuando alguien se encuentra atrapado en un estado negativo continuo.
En cierto modo, establecen una serie de fases en las que se mueven todas nuestras emociones, que van desde un estado positivo y de bienestar, hasta un estado negativo, de malestar y mala salud mental. Durante este camino entre lo bueno y lo malo, las emociones pasan por diferentes estados puntuales positivos y negativos.