La gestión de nuestras emociones se puede aprender, y es aquí donde surge la educación emocional o
El proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo,
Rafael Bisquerra
constituyendo ambos los elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral. Para ello, se propone el desarrollo de conocimientos y habilidades
sobre las emociones con el objetivo de capacitar al individuo para afrontar mejor los retos que se plantean en la vida cotidiana. Todo ello tiene como finalidad aumentar el bienestar personal y social.
Se trata de un proceso que ayudará al individuo a manejar y comprender sus
emociones, y desviar cualquier sentimiento que pueda suponer negativo para su
bienestar.
Se trata de un proceso de aprendizaje que dura toda la vida. De hecho, desde pequeños nos van sucediendo cosas que pueden afectarnos más o menos, y todas estas emociones conforman nuestro currículum emocional.
Lo que pretende la educación emocional es crear una forma de prevención que consiste en minimizar la vulnerabilidad a las disfunciones de una gestión emocional ineficaz. Otro de los cometidos de la educación emocional es el desarrollo humano, el desarrollo personal y social que se traducirá en el desarrollo de la personalidad del individuo. Por lo tanto, se refiere al desarrollo de la inteligencia emocional y a su aplicación en las diferentes situaciones que se puedan dar en la vida. Esto incluye el fomento de actitudes positivas ante la vida, habilidades sociales, empatía, así como otros factores como el desarrollo del bienestar en el ámbito personal y social. La educación emocional tiene por objetivo el desarrollo de las competencias emocionales.
Según Mayer y Salovey, la inteligencia es una aptitud, el rendimiento se refiere a los logros que se alcanzan, y la competencia indica en qué medida el rendimiento se ajusta a los patrones determinados.
Las competencias emocionales se relacionan con las experiencias que uno tiene a lo largo de vida, las relaciones familiares, sociales y laborales. Esta competencia se basa en la conciencia de uno mismo.
Se trata de un proceso que se da después de haber aprendido a identificar y manejar las emociones propias, y es que si antes no nos hemos dedicado a nosotros, raramente podremos aplicar la inteligencia emocional a los demás.