Todo individuo debe ser dueño de su vida y de sus emociones y parece que solo se consigue conociendo y comprendiendo las propias emociones, las conscientes como las
inconscientes.
Cuando además desarrollamos nuestra empatía somos capaces de comprender el universo emocional de los demás, de ponernos en su lugar y comprender cómo se siente.
El conocimiento de nuestras propias emociones nos ayuda a comprenderlas y dirigirlas, aprendiendo a actuar con racionalidad y sin dejarnos arrastrar por aquellas situaciones que nos pueden irritar.
Se trata de entender que toda experiencia encierra un aprendizaje o bien una satisfacción para uno mismo, de comprender que las crisis no son sólo una situación «negativa» sino también una oportunidad.
En el camino hacia esta comprensión podemos aprender a:
- automotivarnos, a adoptar una actitud positiva hacia la vida; en este sentido podemos aprender técnicas para comprender las situaciones de estrés, depresión o ansiedad, ya que estas situaciones hacen que sea imposible ver el lado positivo de las cosas.
- Tomar conciencia de aquellos factores que puedan reportar bienestar, alejándonos, por tanto, de aquellas emociones y energías que puedan sernos perjudiciales para nuestra salud física y mental.
- Potenciar la capacidad para ser feliz. Aprender a no ser infeliz por lo que no hemos conseguido, aprender a ser feliz con lo que tenemos mientras nos encaminamos al logro de nuestros objetivos propuestos.
- Desarrollar el sentido del humor. De todos es sabido que la vida con buen humor sienta mucho mejor y contribuye a un mayor estado de felicidad.
- Desarrollar la capacidad para diferir recompensas inmediatas a favor de otras de mayor nivel, pero a largo plazo esto es ser capaz de valorar los beneficios que podemos obtener a corto y largo plazo, para que decidamos aquel que realmente nos convenga más para nuestro bienestar.
- Desarrollar la resistencia a la frustración. Entender que los errores forman parte de
- nuestro proceso de aprendizaje y comprender que son una oportunidad de cambio y mejora.
Los beneficios que se desprenden de la práctica de este conocimiento y de los que cada persona disfrutará serán:
- Aumento de las habilidades sociales,
- Disminución y prevención de aquellos pensamientos autodestructivos,
- Aumento de bienestar,
- Disminución de la violencia y agresividad. Si estamos bien con nosotros mismos, lo estaremos también con nuestro entorno.
Este proceso de aprendizaje se acabará traduciendo en inteligencia emocional, lo que contribuirá a que los individuos seamos más felices con nosotros mismos, con nuestro entorno y con lo que tenemos.