Existen tres pilares básicos, que son la pedagogía, la psicoterapia y el counseling.
En todas las ramas de la pedagogía se propone una educación para la vida en la que la
afectividad tiene un papel muy importante para lograr alumnos sanos y emocionalmente
positivos, además cuenta con innovaciones educativas, como la educación psicológica; el desarrollo de habilidades sociales; la prevención y el desarrollo humano, etc., todas con una clara influencia en la educación emocional. Al final, el objetivo es que todos los individuos se sientan bien.
En cuanto a la psicoterapia y el counseling, ambas disciplinas se consideran terapias de
tipo emocional, ya que se centran es aspectos como la ansiedad, el estrés, la depresión
o las fobias.
En lo que respecta a la la psicoterapia, vemos ejemplos de educación emocional en
disciplinas como la psicología humanista, centrada en el estudio de las emociones
humanas; la logoterapia, que tiene como cometido la búsqueda del sentido de la vida,
englobando conceptos como la responsabilidad en la actitud ante la vida; y la
psicología cognitiva y la psicoterapia racional-emotiva.
En cuanto al counseling, se basa en metodologías de intervención, incluyendo
dinámicas de grupo para potenciar las relaciones con los demás, la orientación para la
prevención de situaciones que nos pueden perjudicar, el modelo de programas y el
modelo de consulta.
Otro de los fundamentos de la educación emocional es la neurociencia, encargada
del estudio de la estructura, función y desarrollo de la bioquímica, la farmacología y la
patología del sistema nervioso y de cómo sus diferentes elementos interactúan dando
lugar a las bases biológicas de la conducta. Es decir, estudia el impacto que causan las emociones en nuestro cerebro. De esta manera, podemos conocer aspectos como qué emociones activan respuestas fisiológicas como taquicardias, sudoraciones, tensión muscular o neurotransmisores que, una vez producidas, son difíciles de controlar, o qué disminución en el nivel de serotonina provocar estados depresivos. Además, la neurociencia nos permite conocer el papel de la amígdala, el lugar donde quedan almacenadas nuestras experiencias pasadas; las emociones y las características que diferencian la comunicación entre el sistema límbico y la corteza cerebral, en función de la dirección hacia la que se dirige la información.
Igualmente otra de las ciencias que contribuye a la educación emocional, la psiconeuroinmunología, que estudia el sistema inmunitario y nos muestra cómo las emociones pueden afectar, «bien o mal», al sistema inmunitario de cada individuo. Así pues, no debemos olvidar que existe una relación muy importante entre la salud y las emociones, como reza el dicho:
mens sana in corpore sano.