Algunas consideraciones esenciales sobre la inteligencia emocional que forman parte del proceso de (des)aprendizaje.
Autoconciencia: habilidad para reconocer e identificar las emociones de uno mismo y
su origen.
Autocontrol: capacidad de controlar los impulsos y de retrasar las recompensas inmediatas por recompensas mejores en un futuro.
Empatía: habilidad para conectar con las emociones de los demás y con los motivos que las provocan.
Habilidades sociales: habilidad de relacionarse con los demás de manera satisfactoria, gestionar conflictos, comunicar de manera clara e influir sobre el comportamiento de los demás.
Motivación: o causa de una acción, la fuerza que nos empuja, sin la que no lograremos el bienestar social.
Además, parece ser necesario tener claro que:
Antes de cambiar, debemos conocernos y conocer el para qué de nuestras
actuaciones. Evitar el cambio conductual, ya que resulta ineficaz y engañoso para uno mismo.
La autocompasión no es mala. Somos humanos y nos equivocamos. La clave está en percibir las situaciones de crisis como una oportunidad de cambio y mejora. Por ello,
debemos estar dispuestos a aceptar nuestros errores, a perdonarnos y a seguir
creciendo y avanzando en busca de nuestros objetivos.
Detectar la emoción que origina nuestros actos, conectar con esas emociones y entender de qué manera influyen sobre nosotros. Es pararnos y reflexionar unos segundos sobre lo que sentimos en ese momento para encontrar el origen de la emoción.
Ampliar nuestro vocabulario emocional: debemos crear tantos nombres de emociones como estados de ánimo sintamos.
No dejarse engañar por las apariencias emocionales: Un hecho concreto puede generar varias emociones al mismo tiempo. Ante esta explosión de sentimientos, debemos analizar realmente qué emoción estamos sintiendo antes de actuar.
No juzgar cómo nos sentimos: Las emociones son el indicador más fiable de lo que nos ocurre, por lo que no podemos ignorarlas, especialmente a las negativas. Este tipo de emociones nos previenen y nos prepararan para futuras situaciones, así que, delante de situaciones de estrés, miedo o ira, no debemos ignorarlas, sino entender qué nos está pasando y cuál es la mejor manera de hacer frente a esa situación.
Las emociones básicas nos avisan de:
Miedo: te avisa de que no tienes recursos para abordar lo que te está
ocurriendo. Refleja la desproporción que existe entre la situación y los recursos
de que se dispone para hacerle frente.
Enfado: surge cuando se vulneran los derechos o necesidades. Tiende a
provocar una actuación fundada en los ataques y defensas para ganar respeto.
Tristeza: indica la perdida de algo valioso y prepara al individuo para afrontar
esa ausencia.
Alegría: supone una emoción positiva y se da cuando algo resulta agradable. Se
trata de una emoción que motiva a la creación de conductas que vuelvan a provocar esa emoción.
Lo que interesa es que consigamos obtener información sobre nosotros mismos, para
conocernos mejor y lograr comprender a esas emociones que puedan suponer una
falta de bienestar.