Para realizar cualquier trabajo o tarea, debemos tener en cuenta dos factores que debe reunir el equipo que se encargará de su ejecución.
Las aptitudes y la preparación que requiere el trabajo que van a realizar y, la capacidad de visualizarse realizando con éxito el trabajo encomendado.
Es decir, el equipo debe disponer de un pensamiento positivo que le motive a hacer su trabajo de la mejor manera posible.
Todos conocemos el dicho “creer es poder”, y es aquí cuando toma su mayor significado. Seguramente a lo largo de nuestras vidas hemos escuchado eso de que “si crees que no vas a poder, no vas a poder”, y no podrían tener más razón.
Nuestra mente es poderosa, lo que hace que nuestros pensamientos rijan nuestra manera de actuar.
La comunicación, por su parte, está muy ligada al poder de la visión y al pensamiento positivo. En el grupo es muy importante la manera en que manifestamos nuestras ideas y opiniones para generar un pensamiento positivo.
Lo importante es ser claro, preciso y asertivo, y comunicar en función de la reacción que esperamos. No podemos informar a nuestro equipo de un nuevo proyecto con desgana y desmotivación, ya que la respuesta que obtendremos será precisamente esa: desgana y desmotivación.
Son muchos los estudios y teorías que defienden el pensamiento positivo como causante directo del éxito. Si el paciente tiene la certeza de que se va a recuperar, su organismo estará más predispuesto a hacerlo.
Otro estudio destacable es el efecto Pigmalión, que relaciona el trato que damos a una persona o grupo en función de las creencias o expectativas que tenemos de él.
También es interesante conocer la ley de la atracción, que defiende que obtenemos lo que realmente deseamos. Esta ley defiende que cada persona y cada grupo es dueño de sus propias acciones y que puede conseguir todo lo que se plantee. Para lograrlo, se deben tener en cuenta las siguientes condiciones:
Saber qué queremos y pedírselo al universo.
Enfocar nuestros pensamientos sobre el objeto o estado de ánimo deseado con sentimientos de entusiasmo y gratitud.
Sentirnos y comportarnos como si ya lo hubiéramos conseguido.
Estar abiertos y dispuestos a recibirlo.
En definitiva, se trata de una cuestión de actitud. Si nos mostramos abiertos, positivos y motivados, y no tenemos miedo al cambio y al crecimiento, tanto a nivel individual como grupal alcanzaremos todos nuestros objetivos.
La importancia de imaginar el futuro
La visión de futuro va a servir para afrontar los retos que aparezcan: precisamente la visión de futuro constituye el principal objetivo a alcanzar. A nivel empresarial, es muy importante que los equipos de trabajo dispongan de esa visión de futuro ya que, de no tenerla, es muy probable que tengan la sensación de que el trabajo que están realizando no tiene ningún tipo de sentido.
La visión de futuro no supone una estrategia para alcanzar los objetivos marcados, sino que provoca una motivación que mueve al grupo a la acción de forma coordinada y colaborativa. Estos son los beneficios y los peligros que tiene.
Beneficios:
Ayuda en la toma de decisiones importantes.
Permite tomar perspectiva y mirar a medio plazo, relativizando la importancia de los obstáculos que pueden surgir a corto plazo.
Compromete al equipo con metas ambiciosas, elevando la resistencia a la frustración.
Nos facilita, aunque no garantiza, conseguir lo que se ha propuesto.
Riesgos:
No conseguir lo propuesto puede llevar a la frustración de todo el equipo, que percibe que su trabajo no es útil.
Llegar a la meta y percibir que la recompensa obtenida no ha valido la pena en comparación a los esfuerzos dedicados.
Dar solo importancia al resultado final y no valorar el día a día y los pequeños logros conseguidos.
No aceptar ningún cambio o alternativa que se aleje de la visión de futuro, aunque pueda suponer más beneficiosa.
La actitud positiva es clave en este camino, aunque el equipo debe tener en cuenta que, en muchos casos, va a tener que renunciar a ciertos elementos para conseguir otros. De este modo, el equipo debe presentar un carácter abierto, debe aceptar que no puede controlarlo todo, debe ser capaz de afrontar los cambios con motivación y no debe dejarse llevar por las emociones.