Veamos ahora qué factores toman parte en el proceso de influencia en las emociones de un colectivo a partir del siguiente modelo unificado en cuatro fases o períodos:
1. Toma de conciencia El primer paso para influir en las emociones colectivas, igual que a nivel individual, es identificar y tomar conciencia de las emociones, sentimientos y estados de ánimo que presentan, y los motivos que llevan a estas emociones.
En este análisis se deben tener en cuenta varios factores, como la cultura de la organización en general y del grupo en particular, así como los valores, las normas y los ideales que rigen su funcionamiento y su actividad diaria. Para ello, debemos conocer a los miembros que integran el grupo y desarrollar empatía hacia ellos, lo que nos dará indicios de esa emocionalidad grupal.
2. Sentimiento de responsabilidad Una vez obtenido el diagnóstico emocional, podemos encontrarnos con que el grupo se siente víctima o responsable de ese estado emocional. Si queremos influir en las emociones de un colectivo, debemos sentirnos responsables de la emoción que siente. Una vez que nos sintamos responsables, debemos trazar un plan hacia dónde queremos ir y dónde queremos llegar, remarcando los beneficios que nos reportaría ese plan. Se deben tener en cuenta los beneficios del cambio de actitud, como una mayor concentración para realizar las tareas, una sensación de tranquilidad y bienestar en el ambiente, o la disminución de la tensión entre los integrantes del grupo. En esta segunda fase, el papel del líder es muy importante, porque según la actitud que muestre en relación a los estados anímicos de su equipo, dependerá el éxito o el fracaso de las tareas que este debe desarrollar.
3. Acción Existen dos alternativas:
Provocar nuevas experiencias. Consiste en generar emociones positivas recurrentes que ayuden a la aparición de nuevos estados de ánimo de carácter expansivo, como la serenidad, la ambición o el desarrollo. Se trata, pues, de fomentar valores del pensamiento positivo y la motivación. En la empresa, por los constantes cambios que sufre, se deben tener en cuenta aspectos como aprender a gestionar el estrés, aceptar los cambios como parte esencial del proceso de aprendizaje y crecimiento, y aprender a ver el lado positivo de toda acción o situación negativa. Como líderes, deberemos llevar a cabo acciones para reafirmar la pertenencia en el grupo, para generar autoconfianza y motivación, y deberemos hacer ver a nuestro equipo la importancia de enfrentarse a los cambios con una actitud positiva encarada al crecimiento.
Trabajar la fundamentación. Consiste en la difusión e interiorización de nuevos juicios colectivos que alumbren estados emocionales surgidos desde la conversación grupal y las evidencias actuales, es decir, no se trata de intentar cambiar las emociones y los sentimientos, sino que lo que esta alternativa presenta es la creación de nuevos juicios colectivos para que se den los estados emocionales que el grupo necesita. Para que esta alternativa de acción sea posible, debemos crear un entorno de diálogo donde reine la confianza.
Además de estas dos alternativas, existen otras estrategias que pueden ayudar a la gestión colectiva de las emociones, como el coaching.
En líneas generales, este proceso consta de cinco fases:
Observar. La observación de nuevos puntos de vista supone un factor clave que permitirá encontrar soluciones y dar la posibilidad al individuo o grupo de escoger entre las alternativas de que dispone para lograr sus objetivos.
Toma de conciencia. La observación permite tomar conciencia del poder de elección. El coach hará ver al individuo o al grupo las consecuencias de su elección, para brindarle las herramientas específicas y elegir de manera consciente la opción que presente una mayor efectividad.
Determinación de objetivos. En todo proceso de coaching deben especificarse claramente unos objetivos concretos a alcanzar, que guiarán las decisiones y acciones que se tomen.
Actuar. Una vez definidos los objetivos, hay que ponerse en marcha y pasar a la acción. En todo este proceso, el coach guiará al individuo o al equipo para superar las adversidades y conseguir sus objetivos de manera exitosa.
Medir. Cada acción y decisión que se lleve a cabo debe ser medida y analizada. De lo contrario, se corre el riesgo de alejarse de los objetivos planteados.
4. Mantenimiento La última fase en el proceso de influencia emocional grupal consiste en la capacidad de mantener esta nueva emocionalidad colectiva conseguida. Para ello, la empresa puede crear ejercicios y propuestas que ayudarán al mantenimiento del estado emocional alcanzado. En este sentido, destacamos los siguientes:
Creación de espacios formales donde poder hablar de la manera en la que está evolucionando la emocionalidad del grupo.
Periódicamente, revisar y mantener actualizadas las creencias y juicios colectivos de los que depende la emocionalidad colectiva.
Diseñar actividades, rutinas y hábitos que fomenten determinadas emociones y potencien los estados de ánimo deseables.
Nombrar a determinadas personas del grupo como impulsores de ánimo para preservar la emocionalidad conseguida y detectar el momento en que va perdiendo fuerza, para actuar a tiempo. Estas pautas pueden darse de dos maneras diferentes dentro de una empresa. Una es de manera informal e implícita, impulsada de manera individual por alguno de los miembros del equipo. La otra posibilidad es formal y explícita, y responde a la puesta en marcha de la empresa de un Programa de Aprendizaje Social y Emocional.