El psicólogo David McClelland (1973) estableció que los líderes que poseían por lo menos seis competencias de inteligencia emocional eran mucho más eficientes que los demás. De hecho, concluyó que los líderes que se servían de la inteligencia emocional para gestionar a sus equipos obtenían resultados por encima de los objetivos marcados.
Otro de los factores que influyen en la obtención de buenos resultados es el clima que se percibe en el lugar de trabajo.
Existen seis tipos de liderazgo:
Estilo visionario Sus principales características son su capacidad para visionar el futuro y motivar a los trabajadores, dejándoles claro cómo encaja su función en la visión general de la organización. No solo presenta ideas y nuevas estrategias, sino que las justifica, haciéndose comprensible para sus subordinados, que entienden sus decisiones. Se trata de un tipo de liderazgo que potencia al máximo su compromiso con los objetivos y la estrategia empresarial. La buena y fluida comunicación con su equipo hacen que todos tengan muy claro hacia dónde ir y dónde llegar, así como las recompensas que comportará la llegada a la meta. Otra de las características de este tipo de liderazgo es su flexibilidad, es un líder que da libertad a sus trabajadores para innovar, experimentar y correr riesgos. A pesar de su efectividad, hay situaciones en las que este estilo no funciona.
Estilo coach Se caracteriza por querer ayudar a los miembros de su equipo a identificar sus fortalezas y debilidades y a vincularlos a sus aspiraciones personales y profesionales. Es importante señalar que este estilo se centra en el desarrollo de las aptitudes y capacidades de los trabajadores, no en las tareas laborales inmediatas. El liderazgo de este tipo funciona más con un tipo determinado de persona que con una situación profesional.
Estilo conciliador Se centra en la gente y sus líderes se caracterizan por valorar a los individuos y emociones por encima de las tareas y objetivos de la empresa. Su gestión se centra en crear vínculos fuertes y emocionales que luego repercutirán en un buen rendimiento y la obtención de los objetivos. Conviene señalar que estamos ante un tipo de liderazgo que no debe utilizarse en solitario, es decir, los resultados serán siempre mejores si se trabaja conjuntamente con otro estilo.
Estilo democrático Consiste en la puesta en marcha de planes y estrategias que han sido aprobadas por todo el equipo, no solo por su líder. Este estilo de liderazgo es muy útil cuando deben realizarse acciones que pueden afectar a todo un equipo, como el cierre de la planta en la que trabajan.
Estilo ejemplarizante Debe utilizarse con moderación, ya que un uso excesivo puede resultar contraproducente. El líder establece unos niveles de rendimiento muy altos y los ilustra personalmente. En todo momento muestra obsesión por hacer las cosas mejor y más rápido, y pide que todos los que le rodean actúen igual. Pese a que su premisa es obtener los mayores resultados posibles, la atención no se centra en definir una rutina de trabajo, sino en que los trabajadores sepan lo que piensa el líder en todo momento y actúen en consecuencia. No obstante, el estilo de este liderazgo no es la mejor opción para motivar a los trabajadores y lograr un buen clima que contribuya a la obtención de buenos resultados. La puesta en marcha de este liderazgo puede provocar que los subordinados tengan la impresión de que su líder no confía en ellos ni en sus iniciativas. La flexibilidad y responsabilidad desaparecen y el trabajo se centra en la realización de tareas concretas y rutinarias que resultan aburridas y desmotivadoras.
Estilo autoritario o líder coercitivo, es más frecuente de lo que debería y de todos los estilos posibles, es el que menos aspectos positivos aporta al clima laboral. Su característica principal es la obediencia exigida a sus subordinados, sin más explicaciones. El líder autoritario impone su voluntad, no empatiza, no delega, no suele confiar y es habitual que solo vea los errores de los subordinados y no sus logros. El líder toma decisiones de manera completamente unilateral, lo que provoca que mueran todas las nuevas ideas que pueden tener los miembros que conforman el equipo. Este estilo solo debería usarse en casos muy puntuales, como un cambio radical en el rumbo empresarial o ante una adquisición hostil.
En cualquier caso, un buen líder tendrá capacidad para adaptarse al estilo de liderazgo que más convenga en cada momento. En este sentido, el líder debería saber manejar las competencias requeridas para cada estilo y, si no las posee, desarrollarlas.