Con el fin de consumar la creación de un ego consistente que permita al niño diferenciarse de la madre y crear una personalidad propia, en esta etapa entra en conflicto con la madre y comienza a percibirla como la «madre terrible», que tiene que ver con sus aspectos negativos, como la incapacidad para poder evadirse de ella y la generación del miedo.
El hecho de percibir los aspectos que nos repelen de un arquetipo sucede en cada una de las fases evolutivas y es necesario para movernos al siguiente estadio.
Esta dinámica se conoce como ambivalencia del arquetipo.
Es tan importante el hecho de apegarnos y tener referentes estables en nuestras vidas como el hecho de poder soltarlos y no depender de ellos para nuestra estabilidad psíquica. La ambivalencia del arquetipo es un proceso adaptativo que ocurre de forma natural.
Esta fase es un proceso que prepara al psiquismo para proseguir con su crecimiento y adentrarse en el estadio patriarcal del desarrollo de la conciencia, donde tendrá especial relevancia el arquetipo «padre».
Suele producirse entre los tres y los cinco años de edad, dependiendo del ritmo de maduración del niño. Este proceso es el que acabará de «llevar al mundo» al niño, desprendiéndose de la exclusividad de la relación con la madre.
El arquetipo del padre representa, en nuestra sociedad, el paso a la predominancia de la colectividad o el grupo de referencia.
Durante esta fase, el ego representa la totalidad de la personalidad y la conciencia permanece activa de forma continua. Esto significa el nacimiento psicológico del individuo.
Con el fin de facilitar la adaptación social del niño, las vivencias que experimenta van conformando dos constructos psicológicos generados por el ego: la persona y la sombra.
• La «persona» se constituye como una «máscara social», una máscara que permite al niño adaptarse a la vida colectiva sin distorsionar la convivencia.
Es una respuesta adaptativa a las normas familiares y sociales imperantes y conduce hacia la actualización de la capacidad del niño para comportarse tal como su entorno espera;
Luego se convertirá en la parte o faceta de la personalidad que el individuo tiende a mostrar en las relaciones emocionalmente menos comprometidas que mantiene con otros individuos.
La «persona» incluye lo que queremos mostrar y todo lo que queremos ser. Todos aquellos aspectos de la personalidad que no queremos ser son excluidos del ámbito de la «persona» y pasan al ámbito de la «sombra».
• La «sombra» comprende los aspectos que consideramos negativos y desadaptativos de nuestra personalidad.
Contiene todas las inclinaciones, los deseos y los sentimientos cuya expresión, por diferentes razones, son desaprobadas por los cánones socioculturales existentes.
La «sombra» incluye lo que queremos ocultar y todo lo que rechazamos en nosotros. Es la suma de todas aquellas cualidades que no se desean mostrar.
Engloba, no obstante, también una serie de aspectos constructivos de la personalidad, como potencialidades y talentos creativos latentes, que no han sido actualizados. Dentro de la sombra encontramos tanto elementos conscientes como elementos que corresponden al inconsciente.
A lo largo de nuestra vida, nuestra sombra lucha por mostrarse, pero es reprimida continuamente por la persona.
La sombra está formada por energía psíquica reprimida que se proyecta en el exterior, hacia otras personas.
Hay muchas formas de alimentar la sombra, pero la más usual es la que conocemos como «luchar para ser bueno». Por este motivo, Jung afirmaba que prefería ser un individuo completo a ser una persona buena.