Proyección y ego

“El lugar donde se halla aquello que nos molesta en exceso, aquello que nos da miedo o aquello que nos emociona profundamente, es el lugar adecuado para ampliar nuestra conciencia.”

Los mecanismos de proyección y la interpretación de las polaridades son fundamentales para ir recuperando aquellas partes de nosotros que hemos ido rechazando con la finalidad de adaptarnos al inconsciente colectivo y social.

En la medida en la que el ego (conciencia) se va haciendo cada vez más estable y autónomo y se va diferenciando del Self, aumenta la capacidad de proyectar fuera todos los contenidos que forman parte de nuestro inconsciente.

La proyección es el mecanismo que nos permite mantener una conexión con estos contenidos psíquicos sin necesidad de identificarnos con ellos.

De este modo, la proyección nos permite adaptarnos al inconsciente familiar y social y ocupar el lugar que nos corresponde para favorecer nuestra supervivencia.

El ser humano utiliza la proyección para situar fuera de sí aquellos aspectos que siempre han formado parte de él pero que permanecen rechazados e inconscientes al percibir el propio “yo”.

Todo aquello que, por una razón u otra, creemos «no tener» o «no ser», debe volver a nosotros. Llegado el momento en el que la conciencia nos permita hacernos cargo de ello, el siguiente paso será “recuperar” e integrar nuestras proyecciones.

Esto significa llegar a ser consciente del contenido proyectado, para llegar a un acuerdo con él dentro de nosotros mismos, y tal vez llevarlo a buen término en nuestra vida exterior de manera que podamos completarnos y volver a la unidad.

La proyección nos permite volver del yo individual y separado del mundo, al Self colectivo y unitario.

Durante el proceso de proyectar fuera todos los contenidos que forman parte de mi inconsciente, puedo sentir que no poseo una cualidad que yo considero «positiva» y me gustaría tener.

Y entonces creo verla o conocerla en otra persona, aunque la palabra correcta es «reconocerla».

En realidad, sale de mí como de un proyector, es imposible ver algo que no exista previamente en mí.

Esto funcionará como una energía que me atraerá hacia esa persona, aparentemente sin saber por qué, de forma inconsciente, mientras mi parte consciente, en un intento de justificarla, intentará ponerle un nombre: amor, enamoramiento, tener feeling, estar en la misma onda, entre otras muchas expresiones.

También, en contraposición, puedo sentir que no poseo una cualidad juzgada como negativa, algo que nunca me permitiré ser pero que realmente está en mí.

Eso va a funcionar como una energía en sentido contrario, que me aleja inconscientemente de esa persona, mientras mi consciente le llama: odio, incompatibilidad o falta de feeling.

La Química nos habla de una ley universal por la cual una partícula con carga negativa se siente atraída por otra partícula con carga positiva.

Análogamente, una persona que cree tener una carencia concreta —por ejemplo, no ser capaz de expresar lo que en realidad siente—, se sentirá atraída por otra persona que percibe que tiene esa cualidad, por el deseo inconsciente de «completarse».

A su vez, una partícula con carga negativa siente repulsión por otra partícula de la misma carga. Por ejemplo, una persona que no se permite mostrar su agresividad —aunque en realidad la tiene, está oculta en su sombra— solo es consciente de esa característica cuando esta aparece en otra persona.

De esta forma, cuando se encuentra con una persona con una actitud agresiva, la censura y se horroriza de que alguien pueda ser así.

Para la Bioneuroemoción, el fenómeno de la polaridad puede verse representado en todos los niveles que conforman nuestra realidad y extrapolarse a la dinámica de las relaciones humanas.

El ego y la proyección

Para poder darse cuenta de la dinámica de la proyección y que el contenido proyectado sea integrado a la conciencia, es fundamental que el ego esté dispuesto a participar en este proceso.

Según Carl Gustav Jung, hace falta que ambos aparatos psíquicos se hayan desarrollado por completo.

Solo entonces puede surgir la intención de unificar estos dos aspectos de la personalidad: consciente e inconsciente.

Es fundamental recordar que el ego ha decidido en un momento de nuestras vidas mantener alejadas estas pro-yecciones por alguna razón.

Por este motivo, es importante no excluir ni juzgar ninguna parte de nosotros, ya que la integración es la clave de la trascendencia.

Los aspectos de nuestra personalidad que nos generan más dificultades han sido desarrollados con un sentido de adaptación que, en muchas ocasiones, somos incapaces de percibir y que escapan a nuestra comprensión.

Cada aspecto de nosotros se ha conformado con la finalidad de acomodarse al medio. El ego se estructura y genera una identidad específica que le permite adaptarse a las circunstancias.

Esta es justamente la razón por la que cualquier cambio nos produce miedo.

Las creencias y los patrones de conducta que hemos realizado hasta ahora, por muchos inconvenientes que nos pueda parecer que tienen, son los que conocemos y nos han permitido sobrevivir.

Soltarlos supone pasar a un estado de incertidumbre en el que no nos sentimos cómodos. Supone, a un nivel inconsciente, jugarnos la vida.

Cuando nos acercamos a la mediana edad, nuestro ego puede presentarse excesivamente polarizado.

Dependiendo de nuestro desarrollo y de la influencia del sistema familiar y social en nuestras vidas, podemos encontrarnos con un ego:

Disuelto en el inconsciente colectivo. En este grupo encontramos a las personas con una individualidad subdesarrollada.

Una personalidad disuelta en el incons-ciente colectivo y familiar que han acabado renunciando a parte de su crecimiento personal en beneficio del sistema.

Este puede ser el caso, por ejemplo, de alguien que nunca se atreve a tomar decisiones por miedo a molestar a los demás.

Desconectado del inconsciente colectivo. Se trata de individuos con una adaptación colectiva atrofiada.

Son personas que tienen como base de su sistema de creencias mirar solo por ellos mismos y dejan de lado las necesidades de su sistema familiar o de su colectivo.

En cualquier caso, las proyecciones servirán a ambos grupos para encontrar el equilibrio que nos proporcionará la estabilidad emocional.

Cada individuo encontrará en aquello que juzga o en aquello que le atrae, el siguiente paso para completarse y ampliar su estado de conciencia.