Frieda Fordham, discípula de Jung, explica lo siguiente acerca del proceso de individuación:
“Encontró que había un número relativamente abundante de personas que, a pesar de estar ya curadas en el sentido ordinario de la palabra, o insistían en continuar el tratamiento analítico (…) o lo seguían por su propia cuenta una vez abandonado el analista. Se trataba de personalidades maduras (y) se trataba más bien de que estaban buscando de modo inconsciente, pero sin variar de dirección, una meta que eventualmente se define a sí misma como búsqueda de la totalidad -esa entidad misteriosa que es el “hombre total”- y que necesitaba forjar un eslabón entre los aspectos inconscientes de su psique.”
La cuidadosa y constante observación clínica permitió a Jung darse cuenta de que la individuación experimentable en la segunda mitad de nuestras vidas podía ser explicitada con rasgos arquetípicos.
Jolande Jacobi y Marie-Louise von Franz, alumnas destacadas de Jung, acabaron por desarrollar una teoría más completa de estas fases. Pese a que las fases de esta individuación han quedado trazadas a grandes rasgos y poseen leyes regulares, es importante destacar que no debemos observarlas de un modo dogmático en cuanto a su orden o su temporalidad.
La forma en la que se activan estas fases obedece al principio de compensación, es decir, los arquetipos residen en el inconsciente colectivo, pero solo se activan en las personas en virtud de su situación psicosocial.
El orden y la temporalidad pueden variar de un individuo a otro.Lo que suele llevar a las personas a iniciar este particular desarrollo psíquico es, habitualmente, la crisis de la mediana edad.
Es en esta etapa cuando aparece de forma natural la necesidad de completarse más allá de lo que somos hasta ese momento.
Es un proceso que, observado con perspectiva, es inverso al proceso de individuación inconsciente.
Mientras en la primera mitad del proceso el organismo humano madura con el apoyo de los soportes sociales que le exigen el desarrollo de un ego, la individuación consciente solo puede realizarse en base a un compromiso personal del individuo con la continuidad de su propio crecimiento interno.
Es decir, en nuestra edad temprana nos vemos empujados por el colectivo a desarrollarnos por la necesidad de encajar, pero una vez llegados a la edad adulta el avance necesita de una decisión consciente.