DESARROLLO DE LAS CAPACIDADES PERSONALES EN LA ALTA DIRECCIÓN

La articulación de todos los conceptos vistos hasta ahora en el presente manual
corresponde a cada trabajador. Sin embargo, la gestión de los equipos de trabajo es una
función de los directivos. Son ellos los responsables de instaurar, promover y mantener
a flote una filosofía empresarial que convierta la organización en un ente vivo, en el que
sus miembros den el máximo de sí y todo ello repercuta en mejores resultados
financieros y emocionales.
Lógicamente, los primeros en disponer de una alta inteligencia emocional deben ser los
altos directivos. Si ellos no la poseen no podrán exigir a sus empleados que expriman
sus competencias para el bien colectivo. Los directivos, por tanto, deben tomar el
mando de la situación y aspirar a convertirse en una fuente de energía e inspiración para
los demás.
El trabajo a realizar por los directivos tiene una parte idéntica al que pueden realizar sus
empleados (el proceso de autoconocimiento o el desarrollo de competencias
emocionales), pero a ella se le deben añadir una serie de capacidades que fomenten el
trabajo en equipo.
De acuerdo con Whetten y Cameron existen 10 habilidades fundamentales para la
práctica de una gestión directiva eficaz. Además, estas diez habilidades están divididas
en tres grupos:
Habilidades personales

  1. Desarrollo del autoconocimiento
  2. Manejo del estrés personal
  3. Solución analítica y creativa de problemas.
    Habilidades interpersonales
  4. Establecimiento de relaciones mediante una comunicación de apoyo
  5. Ganar poder e influencia
  6. Motivación de los demás
  7. Manejo de conflictos.
  8. Habilidades de grupo.
  9. Facultamiento y delegación
  10. Formación de equipos efectivos y trabajo en equipo
  11. Liderar el cambio positivo
    Las habilidades personales e interpersonales son comunes con el resto de trabajadores,
    sin embargo, el desarrollo de las habilidades de grupo es una particularidad que tiene
    que estar presente en la formación de los altos directivos. Lo más destacado es apreciar
    que todas las habilidades son imprescindibles y que unas dependen de otras. No
    podremos manejar los conflictos si no somos capaces de controlar nuestro propio
    estrés, no podremos liderar los cambios positivos, si no somos capaces de encontrar
    soluciones analíticas y creativas a los problemas.
    El proceso que se inicia con la frase Conócete a ti mismo debe recorrer todas las etapas
    hasta permitir a un directivo liderar los cambios en su empresa. Como afirman Whetten
    y Cameron, “ninguna organización en el entorno postindustrial y excesivamente
    turbulento del siglo XXI sobrevivirá sin ejecutivos capaces de brindar tanto
    administración como liderazgo. Encabezar el cambio y administrar la estabilidad,
    establecer una visión y lograr los objetivos, romper las reglas y supervisar su
    cumplimiento, aunque son acciones paradójicas, todas ellas son necesarias para tener
    éxito.”
    Entendiendo estas premisas (habilidades internas vs. habilidades externas, escenarios
    que requieren flexibilidad y cambio vs. escenarios que requieren estabilidad y control),
    y tras un profundo estudio con más de 80.000 directivos, Cameron y Quinn configuraron
    el llamado Sistema o Modelo de Valores en Competencia (MVC), que por medio de una
    matriz divide las habilidades de liderazgo en cuatro esferas:
  • Matriz MVC. Fuente: Whetten & Cameron (2011), Desarrollo de habilidades directivas, p. 16.
  • Aunque lógicamente hay empresas que se sitúan más en una esfera que otra, los
    directivos tienen que dominar todas estas habilidades, situarlas en un contexto
    determinado y aplicarlas cuando sea necesario, alternándolas o de manera simultánea.
    Los líderes exitosos se construyen a sí mismos desde el autoconocimiento, un camino
    plagado de dificultades y antiguo, un camino que se remonta a 2.500 años atrás, o quizás
    más, en un templo junto al monte Parnaso y una pregunta sencilla (¿Quién soy yo?) que
    debían responder los dioses. Pasado todo este tiempo, los líderes del siglo XXI siguen
    avanzando. Controlar, colaborar, competir, crear. Ahí está el camino.
    Para conjugar todos los conocimientos adquiridos a nivel de inteligencia emocional y
    trasladarlos a la realidad práctica y cotidiana de la empresa, los directivos deben trazar
    estrategias que permitan incrementar la inteligencia emocional de sus empleados, la
    confianza y que aporten un valor más allá de lo económico. En el caso de que existan
    situaciones o problemas enquistados, los líderes empresariales deberán aplicar un plan
    de acción con medidas concretas para atajar dichos problemas. Aunque muchas de estas
    actuaciones están vinculadas a la estrategia empresarial y, por tanto, engloban muchos
    aspectos desde una óptica más amplia, existen medidas específicas para trabajar toda
    la dimensión emocional de una empresa, tanto a nivel intrapersonal como
    interpersonal.
    En el manual hemos visto numerosas herramientas tanto de diagnóstico, como de
    análisis y aplicación de la inteligencia emocional. Vamos a ver, finalmente, una serie de
    actuaciones que podemos aplicar en el plan de acción como medidas enfocadas a
    resolver casos particulares:
  • Simulación de situaciones: Es una dinámica en la que a través del juego se escenifica
    una situación de mercado análoga a la que vive la empresa. Es importante por ello
    detectar previamente en qué entorno se encuentra la empresa para poder adaptar la
    simulación con la máxima precisión. Durante la experiencia, los participantes forman
    parte de una empresa ficticia y deben realizar las estrategias oportunas para encarar las
    situaciones planteadas. Según el número de participantes y la simulación planteada se
    pueden incorporar en la dinámica otros elementos que forman parte del mercado o del
    entorno (empresas de la competencia, empresas colaboradoras, la bolsa, agentes
    financieros…).
    La simulación debe tener una duración prolongada (mínimo un día entero) para poder
    introducir variables en la realidad de la empresa, tal y como ocurre en el mundo real. De
    este modo, se pone a prueba la capacidad de adaptación de los participantes y se les
    obliga a tomar decisiones fomentadas en la cooperación.
    La simulación requiere de dividir al grupo en equipos de tres o cuatro personas para que
    exista espacio para la reflexión y la participación individual pero también colectiva. La
    última fase de la dinámica consiste en una puesta en común de todo lo trabajado por
    cada equipo, dando y recibiendo el feedback los unos de los otros.
    Los objetivos de esta dinámica son:
     Desarrollo de habilidades personales y de equipo
     Aprendizaje de la gestión del cambio y de los conflictos
     Construcción de identidad grupal
     Desarrollo de una visión global de la empresa, el mercado y el entorno
     Identificación de los valores organizacionales
     Identificación y potenciamiento de las competencias emocionales vinculadas a
    los procesos de cambio
  • Entrevistas personales: Consiste en realizar entrevistas individuales a todos los
    trabajadores de la empresa o a un grupo significativo (según su tamaño) para obtener
    así un diagnóstico basado en la información y percepción subjetiva. Estas entrevistas se
    estructuran en varios bloques: Historia de la organización (el conocimiento que el
    trabajador posee del pasado de su empresa); evolución profesional dentro de la
    organización; funcionamiento de los equipos de trabajo; futuro de la organización
    (previsto y deseado), etc. Se pueden añadir bloques específicos de interés para extraer
    información de aspectos concretos.
    Es muy importante obtener la máxima sinceridad de los empleados en estas entrevistas.
    Por ello, deben ser realizadas por alguien externo y que respete la total y absoluta
    confidencialidad de las opiniones expresadas en ellas.
  • Creación de redes: Es una dinámica participativa en el que los participantes se dividen
    en grupos que simulan departamentos de una empresa. Primero, cada departamento
    debe establecer sus propios objetivos y delinear los proyectos sobre los que van a
    trabajar. Después se establecen espacios de conversación interdepartamentales para
    conocer los objetivos y proyectos ajenos, sus necesidades y qué puede ofrecer un
    departamento a otro. Finalmente, se inicia la fase para cerrar acuerdos entre los
    diferentes departamentos. Para ello, la dinámica debe promover situaciones en que
    exista una interdependencia entre los distintos departamentos.
  • Línea de tiempo: Es una dinámica participativa que consiste en plasmar de forma
    gráfica la evolución de la empresa durante un determinado período de tiempo. Los
    participantes se dividen en equipos y primero realizan una reflexión individual sobre los
    acontecimientos más relevantes ocurridos en la organización durante ese período de
    tiempo. Después se discute en grupo, lo que pone en contraste los diferentes puntos de
    vista individuales. Esto es especialmente enriquecedor, puesto que permite comprender
    a los participantes la visión que cada compañero tiene de su empresa, qué prioriza y qué
    no, de modo que incita a realizar una reflexión compartida entre todos y fomenta la
    empatía y la inteligencia grupal.
    La línea de tiempo es una herramienta que debe facilitar un análisis profundo de la
    historia de la organización, lo que a su vez permite obtener un diagnóstico de la situación
    actual. En una segunda fase de la dinámica se analizan las tendencias sobre el futuro de
    la empresa. Para ello se deben analizar los objetivos empresariales a corto, medio y largo
    plazo, el entorno y su evolución, o el papel de los empleados y de los directivos.
    Finalmente, los participantes deben ponerse de acuerdo para diseñar estrategias, definir
    los cambios que debe afrontar la empresa, redefinir los liderazgos, etc