INTELIGENCIA EMOCIONAL Y ÉXITO LABORAL

Pensemos en cualquier empleo: director de una oficina bancaria, enfermera, vendedor de ropa, profesor de educación infantil, periodista, trabajador de una cadena de montaje.Para poder llevar a cabo cualquiera de éstos empleos es necesario tener unas determinadas habilidades, conocimientos y aptitudes, aquello que denominamos competencias.unas determinadas habilidades, conocimientos y aptitudes, aquello que denominamos competencias. Tradicionalmente, las competencias tenían un carácter técnico, teórico y profesional. Es decir, se trataba de capacidades vinculadas directamente a una profesión y a unas tareas.

El director de la oficina bancaria tiene que poseer grandes conocimientos financieros y del mercado, la enfermera debe conocer el cuerpo de sus pacientes para poder dar los cuidados necesarios, el vendedor de ropa tiene que conocer los tejidos, las tallas y las últimas tendencias de moda, el profesor de educación infantil debe conocer la materia que transmitirá a sus alumnos todos los días, el periodista necesita un conocimiento técnico del medio en el que trabaje [televisión, radio, prensa] y especializarse en una temática determinada, el trabajador de una cadena de montaje debe poseer un conocimiento técnico de cada una de las piezas y del ensamblaje del producto a montar.

Que estos conocimientos son imprescindibles para llevar a cabo la tarea es algo que nadie pone en duda, pero también es necesario saber que para alcanzar el éxito laboral no es suficiente con esto.

El trabajo emocional que realice cada persona o un conjunto de ellas, es imprescindible para integrar los sentimientos y estados de ánimo en las competencias profesionales.

A través de la émpatia, se puede desarrollar el lado social de la inteligencia emocional, que es la columna vertebral de nuestra vida social. La empatía, en definitiva, es la caja de resonancia de las emociones ajenas en nuestro interior.

A nivel laboral es imprescindible desarrollar una empatía generalizada con todas las personas que se cruzan con nosotros. Como decía Gauquelin, no importa si la relación con los demás es efímera o dura toda una vida. Es importante una comprensión sincera del otro, ya que ayudará a afrontar tanto las situaciones cotidianas como las adversas. Comprender las emociones ajenas supone comprender las ambiciones, deseos, preocupaciones y necesidades de cada persona. Y al lograrlo, se humaniza al otro. Además, es necesario conocer la organización para la que estamos trabajando. Del autoconocimiento pasamos al conocimiento de los demás, de las organizaciones y de los entornos en que nos movemos.

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