Tan importante es responder adecuadamente a una situación de amenaza como desactivarla correctamente cuando cesa.
La estimulación que dirige el crecimiento del sistema nervioso se desarrolla sobre la base de un diseño genético al que se suma la información que los antepasados han aportado a través de sus experiencias y que quedan fijados en la epigenética.
La epigenética estudia las modificaciones que se pueden transmitir a otras generaciones y que pueden ser reversibles en la expresión de los genes siempre que no se deban a alteraciones en la secuencia del ADN.
La mayoria de estas modificaciones son causadas por factores ambientales que pueden afectar a uno o más genes con múltiples funciones. Mediante la regulación epigenética se puede observar cómo se relaciona la adaptación al ambiente y la plasticidad del genoma.
Los cambios epigenéticos activan y/o apagan genes pudiendo mantener a las células en un estado particular durante mucho tiempo. La infancia y la vida fetal son momentos donde el sistema nervioso se está formando.
Las neuronas se conectan mediante quimiotaxis que consiste en que las células dirigen sus movimientos según la concentración de ciertas sustancias químicas en su entorno ambiental. Estas conexiones no son aleatorias, sino que forman redes con una tendencia a conectarse de forma preferente.
Los primeros días de una vida pueden dejar marcas epigenéticas que van a influir en la conducta del adulto. Estas marcas no son buenas ni malas, lo importante es el lugar donde se produce la modificación. Así, las experiencias de la madre durante el embarazo y posteriores al nacimiento van a influir en la forma en que el niño reaccionará al estrés en la vida adulta.