La sombra en la relación padre-hijo
En este caso, se trata de la identificación inconsciente del hijo varón con su padre y, por tanto, de las cualidades masculinas en perjuicio de las cualidades femeninas y la identificación con la madre, que quedan confinadas en la sombra.
El padre, en este modelo, ejemplifica la personalidad arquetípica del Senex, cuya imagen mitológica más representativa sería Cronos, el Dios griego del tiempo, padre de Zeus. El arquetipo de Senex está caracterizado por una serie de cualidades «positivas» puesto que simboliza al viejo sabio y honrado; pero también por aspectos «negativos», ya que simboliza al rey anciano, ultra-conservador, rígido y castrador, reacio al cambio de ideas de generaciones nuevas.
En el mito de Cronos, este dios, conociendo que estaba destinado a ser derrotado por uno de sus hijos, decide devorarlos a todos nada más nacer. De esta forma, el padre los arranca del lado de la madre (relega la feminidad a la sombra) y se los come, incorporándolos pues a su estructura (el hijo incorpora la máscara y la sombra del padre) e impidiendo que se desarrollen como adultos independientes (castración del hijo). Vemos una vez más cómo los mitos están sustentados en las realidades humanas.
Como una copia de su padre, este niño envía a la sombra sus cualidades más arquetípicamente femeninas como, por ejemplo: sensibilidad, introversión, empatía o nutrición para poder mostrarse severo, estructurado, orientado hacia el exterior o luchador, en un intento inconsciente de mostrarse al mundo como modelo de masculinidad. El padre, en una proyección de los miedos de su oscura sombra aunque pueda ser un padre genero-so o afectivo en algunos aspectos de su relación, impide la debilidad y la dependencia en su hijo, que pasarán a constituir otros personajes de su sombra.
En “Vivir con la sombra”, de Connie Zweig (1999) nos narra un ejemplo de este tipo de padre: “No permitía la menor muestra de debilidad en su hijo, despreciaba la competencia y castigaba las dudas. No dejaba que nadie hablara durante la cena para poder escuchar las noticias del telediario y, a excepción de sus propias explosiones poseidónicas de ira, tampoco permitía que ningún miembro de la familia expresara abiertamente sus emociones.
Le desagradaba la música y, por ello, estaba prohibida en la casa y, siempre que Wayne le preguntaba por qué, el padre zanjaba la conversación con un golpe en la mesa y el grito: ¡Porque lo digo yo!”
Incluso en el caso de una familia en la que el padre haya ejercido algún tipo de maltrato hacia su esposa, puede darse que el hijo, en esta misma dinámica, abuse también de su propia esposa. Mientras que, si ha sido él el abusado, se puede seguir manifestando esta tendencia en sus hijos convirtiéndose él ahora en el abusador.
La sombra en la relación padre-hija.
Es posible que la hija también se identifique de forma excesiva con la figura de su padre y del mundo masculino que representa en perjuicio de su madre y todas aquellas características de la polaridad femenina. La visión idealizada del padre puede llevar a la hija a identificarse con él y a infravalorar a la madre y a cualidades femeninas, como la vulnerabilidad o la dependencia, que quedan así relegadas a su sombra. En este caso, esta hija ejemplifica la personalidad arquetípica de Artemisa, la diosa griega de la caza.
Artemisa era hija de Leto, una diosa de la naturaleza a quien Zeus deja abandonada después de dejarla embarazada (rechazo a la feminidad). Al cumplir los tres años, conoció a su padre que satisfizo su deseo de tener un arco, unas flechas y una jauría y su único placer era la caza (cualidades masculinas). La diosa se mantuvo eternamente virgen y joven (impidiendo así ser mujer y madre, que simbolizan la feminidad).
En “Vivir con la sombra”, Connie Zweig nos narra un ejemplo de este tipo de hija:“(Deborah) Corría a sus anchas con los caballos y el ganado y descansaba en el regazo de la Madre Naturaleza. Y, como ocurría con el padre de Artemisa, su encantador y omnipotente padre despreciaba a las mujeres y permanecía tan inalcanzable que Deborah, al igual que Artemisa, deseaba inconscientemente llevar una vida solitaria. La humillación de su madre le impedía identificarse con la femineidad tradicional y rechazaba abiertamente los roles estereotipados de las mujeres diciendo cosas como “No deseo vivir de un hombre ni hallarme a su servicio”.
Así fue como adoptó la resolución de no llegar a ser nunca vulnerable ni dependiente y trató de vivir la vida no vivida por su madre, convirtiéndose en una portavoz del feminismo o, como ella misma decía, “la verdadera voz de las mujeres.”
En la teoría psicoanalítica el mismo concepto gira en torno al complejo de Elecktra. Su mito nos habla del plan que Elecktra urdió junto a su hermano Orestes para vengar el asesinato de su padre, dando muerte a quienes lo habían perpetrado: su propia madre Clitemnestra y el amante de ésta, Egisto.
En 1912 Jung habló por primera vez del complejo de Electra. Este término sirve para designar la contrapartida femenina del complejo de Edipo. Consiste en una fijación afectiva de la niña en la figura del padre. Un complejo de Electra no resuelto puede llevar a la mujer adulta a la incapacidad de enamorarse y tener intimidad con otras personas.
En la mayoría de ocasiones la mujer adulta busca en las parejas las características del padre y experimenta sus relaciones desde la comparación. Puede que se comprometa, pero que el compromiso no sea del todo firme porque para su inconsciente ya existe su otra mitad, en este caso su padre.
La exploración de todas aquellas cualidades enviadas a la sombra, como consecuencia de parecerse a uno u otro de nuestros padres, y su posterior aceptación constituyen el marco ideal en el trabajo de la sombra personal y de desarrollo hacia una mayor conciencia familiar.
EJERCICIO: SOMBRA Y PADRES
Después de haber leído estos modelos sobre la sombra en la familia, responde a estas preguntas: • ¿Con qué modelo te has identificado? • ¿Qué aspectos te han llevado a identificarte con él? • ¿En qué situaciones de tu vida cotidiana los ves reflejados?
La sombra y los hermanos
Hay hermanos que crecen en direcciones opuestas luchando entre sí, y que, al llegar a la edad adulta, parecen ser cada uno el portador de la sombra del otro: cada uno de los hermanos constituye el espejo del otro. Por ejemplo, uno muestra dotes artísticas mientras el otro desarrolla aptitudes atléticas. Esto puede llegar a crear envidia y dar lugar a un rechazo mutuo o bien a la idealización del otro y el rechazo de uno mismo. También puede ocurrir que los hermanos permanezcan opuestos cuando de hecho, en un nivel más profundo, son complementarios, uno divino y otro diabólico, como vemos refleja-do en la mitología cristiana en las figuras de Caín y Abel. Asimismo, dentro del sistema familiar cada uno de ellos soporta parte de la sombra de algún miembro del clan.
En el momento del nacimiento y los primeros años de la infancia de cada uno de los hermanos, los distintos ambientes emocionales vividos por los padres en esos momentos generan sombras concretas y distintas sobre cada uno de los hijos. Esas distintas sombras pueden verse reflejadas en esa lucha entre los hermanos.
Las mujeres pueden verse reflejadas en el espejo que les brindan sus hermanas del mismo modo que los hombres pueden hacerlo en el que les ofrecen sus hermanos y descubrir las fascinantes similitudes que los unen (aspectos de la luz) y las interesantes diferencias que los separan (aspectos de la sombra).