Sombra y relaciones adultas

Sombra y relaciones adultas.

Cualesquiera que sean nuestras relaciones en la edad adulta, con vínculos consanguí-neos (hermanos) o espirituales (amigos, pareja), para cada uno de nosotros el «otro» representa, al mismo tiempo, al Yo y a la sombra. Como es natural, veremos aspectos “positivos” y “negativos” en cada uno de ellos, en función de nuestras proyecciones.El trabajo con la sombra en nuestras relaciones personales no pretende anular los pen-samientos/sentimientos negativos que puedan surgir, sino más bien diferenciar lo que realmente es una proyección (por ejemplo, “me saca de quicio lo perezoso que es Juan”) de una descripción (“Juan ha tardado dos horas en escribir un informe”). Cuando mi sombra se proyecta sobre los demás, esta se manifiesta en todo aquello que me molesta de forma exagerada

EJERCICIO: SOMBRA EN LAS RELACIONES

Elige, por ejemplo, alguien de tu entorno que te “saque de tus casillas”. Si tuvieras que po-nerle un adjetivo calificativo al comportamiento o la cualidad que te molesta de esa persona • ¿Cómo la definirías? Luego puedes preguntarte: ¿cómo aquello que veo en el otro/a guarda relación con aspectos inconscientes de mi personalidad o juicios que emito sobre mi propio comportamiento/actitud?

Sombra en la pareja:

La relación de pareja resulta el marco perfecto en el que un conflicto interno termina convirtiéndose en un conflicto interpersonal.Esta transformación, como ya hemos visto, se produce gracias a la identificación proyectiva, que es un mecanismo mental que consiste en proyectar en la pareja aquellos aspectos negados y rechazados de nosotros mismos y percibirlos como si procedieran del otro.Así, una persona que nunca se enfada y nunca muestra su agresividad solo es consciente del sentimiento de enfado cuando este aparece en otra persona como, por ejemplo, su pareja. Pero también la relación de pareja suele ser el marco ideal para el reencuentro con aquellos aspectos «positivos» que nos hemos negado a desarrollar.

Y así tendemos a enamorarnos de personas que creemos que son completamente diferentes de nosotros y nos sentimos atraídos hacia ellos porque poseen algo de lo que nosotros carecemos. Parece muy lógico que terminemos sintiéndonos inclinados hacia aquellas personas que compensen nuestras propias carencias.En nuestra sociedad, teniendo en cuenta que las características arquetípicas del hombre (orientado hacia el exterior y la acción, racional, dominante…) constituyen lo opuesto (sombra) a las características arquetípicas de la mujer (orientada hacia el interior, introvertida, emocional, protectora…), generalmente nos encontramos con que nuestra sombra y nuestra pareja comparten idénticas cualidades.

Es importante, en un proceso de crecimiento conjunto con nuestra pareja, reconocer de forma sincera aquellos aspectos de nuestra sombra que vemos reflejados en el otro. Observar aquello que nos molesta y aquello que nos gusta, pensar qué tiene que ver con nuestra historia personal y qué aprendizaje podemos extraer. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de convertir a nuestra pareja en nuestro mayor enemigo por motivos que ni siquiera están cercanos a nuestra conciencia.

Cualquier relación de pareja puede constituir, pues, un sector ideal para nuestro trabajo con la sombra, arrojar luz en la oscuridad y permitirnos, al fin, adentrarnos en nuestro propio Yo interno.

Si me quieres, quiéreme entera:“Si me quieres, quiéreme entera,no por zonas de luz o sombra…Si me quieres, quiéreme negra y blanca, Y gris, verde, y rubia,y morena…Quiéreme día,quiéreme noche…¡Y madrugada en la ventana abierta!…Si me quieres, no me recortes:¡Quiéreme toda… O no me quieras!”(Dulce María Loynaz citada en Diéguez, J., 2018, p. 175).

EJERCICIO: SOMBRA Y PAREJA.

Piensa por un momento el tipo de parejas que sueles atraer. • ¿Qué aspectos “positivos” y “negativos” ves en ellos/ellas? ¿Qué aspectos de ti mismo/a te muestran y no reconoces en ti? ¿Qué cualidades te están mostrando que todavía tienes que desarrollar?

Sombra y trabajo.

La obsesión por el trabajo constituye una adicción tan compulsiva como el juego o las drogas.¿Quién no ha oído hablar del concepto de sacrificar la vida por el trabajo? Cuando las personas dejan en un segundo plano sus necesidades de ocio, vida interior y/o familia y se convierten en una especie de máquinas podemos intuir la intromisión de la sombra en el mundo laboral.

Como ocurre con la mayor parte de las adicciones, la adicción al trabajo también se origina en pautas familiares. En ciertos hogares, en los que solo se valoran los resultados, el éxito puede convertirse en sinónimo de autoestima; en otros hogares, en cambio, es un padre adicto al trabajo el que transmite esta pauta de conducta a su hijo, que la incorpora como un rasgo más de su personalidad; en otros, la frustración de un padre fracasado puede constituir un poderoso incentivo al niño para conseguir el éxito y terminar convirtiéndole en la sombra de su padre.Las empresas pueden verse como entes particulares.

Por tanto, también cuentan con una persona o máscara —con un rostro agradable para presentar ante el mundo, determinado por su objetivo manifiesto— y, por consiguiente, también poseen una faceta oculta o sombra (salarios bajos, favoritismos, conflictos interdepartamentales, contaminación ambiental, falta de honestidad con los clientes, entre otros aspectos).

De la misma forma que otros entes particulares actúan como pantalla de mis proyecciones, así actúan nuestros lugares de trabajo en cada uno de nosotros. Cada actividad profesional favorece el desarrollo de ciertas actitudes y aptitudes mientras que deja otras en la sombra.

Así, por ejemplo, si en nuestra carrera profesional fomentamos la ambición y la competencia (directivos, políticos o empresarios, por ejemplo), nuestra introversión podría verse relegada a la sombra. En tal caso, ignoraremos cómo crecer pasando desapercibidos, cómo beneficiarnos de la soledad y cómo germinar los recursos ocultos que se hallan en nuestro interior.Al contrario, si fomentamos una personalidad orientada hacia el interior —literatos o pintores, por ejemplo—, nuestra ambición o competitividad podrían ser las que se vieran relegadas a la sombra.

En este caso, estaremos fomentando que esos rasgos puedan emerger súbitamente a la luz, de forma desproporcionada.Probablemente nos resulte muy cercana la historia de algún importante directivo o político de apariencia honrada que fue descubierto «con las manos en la masa» en un asunto de blanqueo de dinero o evasión de impuestos, una situación que puede deberse, como estamos exponiendo aquí, a la incapacidad de integrar la sombra.La actitud de los empleados también se encuentra ligada a la sombra. Aquellos cuyo objetivo es ascender en la jerarquía de la organización, por ejemplo, pueden actuar negando sus cualidades de cooperación y utilizar a los demás para «trepar» en el escalafón. No obstante, una vez cumplido su objetivo, puede que se hayan convertido en alguien que desprecia totalmente a los demás tanto en su entorno laboral como familiar.

En el trabajo también vamos a encontrar personajes como arquetipos simbólicos —por ejemplo, jefe = padre con los que vamos a revivir los mismos conflictos ocultos en nuestra sombra. El inconsciente no distingue entre el ambiente familiar y el ambiente laboral. Para el inconsciente se trata de un mismo escenario en el que representar la obra teatral de nuestra vida.

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