Aquella tarde en la Academia de Física y Pensamiento Cuántico Aplicado, la luz entraba oblicua por los ventanales, como si también quisiera escuchar. El profesor, con la calma de quien ha interrogado al alma durante años, lanzó una nueva pregunta al aire: ¿De dónde vienen las emociones? ¿Y para qué el ego insiste en usarlas como propias?
Los alumnos, ya entrenados en detectar lo invisible, se acomodaron en sus sillas como si se prepararan para una autopsia psíquica. El cadáver sobre la mesa no era literal, pero sí simbólico: la autenticidad emocional, manipulada, distorsionada, convertida en espectáculo por el ego.
La emoción: el impulso biológico original
El profesor comenzó por lo esencial. La emoción no es pensamiento. No es juicio. Es biología pura. Un patrón neuroquímico que surge como respuesta automática a un estímulo. Miedo, alegría, tristeza, ira… no son decisiones. Son reacciones. El sistema límbico, especialmente la amígdala, actúa como el primer testigo: detecta, evalúa, dispara y el hipocampo graba en el inconsciente la solución de adaptación como conducta o comportamiento.
La emoción es rápida, breve, y no requiere lenguaje. Es como un relámpago que ilumina el cuerpo antes de que la mente sepa qué ha pasado.
La sensación: el dato crudo
Antes de la emoción, está la sensación. Es el dato sensorial puro: frío, presión, luz, sonido. No tiene interpretación. Es el informe sin análisis. La piel siente, el oído capta, el ojo registra. La sensación es el terreno donde la emoción puede germinar, pero no siempre lo hace y también es donde aparentemente el ego inicia su manipulación.
El sentimiento: la emoción procesada
Cuando la emoción se encuentra con la conciencia, nace el sentimiento. Es la emoción interpretada, sostenida, narrada. Aquí entra el lenguaje, la memoria, la identidad. El sentimiento puede durar minutos, horas, años. Es el eco de la emoción en el teatro mental. No es un relámpago que ilumina, es un velo que se extiende, el sentimiento suele estar manipulado por el ego.
La creencia: el guion del ego
Y ahora sí, aparece el ego. No como enemigo, sino como dramaturgo. Toma el sentimiento y lo convierte en creencia: “Soy una persona triste”, “La vida es injusta”, “No merezco amor”. La creencia es una estructura mental que da sentido —o distorsiona— la experiencia emocional. Es el intento del ego de apropiarse del flujo biológico y convertirlo en identidad, en herramienta de control.
La opinión: la máscara social
Finalmente, la opinión. Es la creencia expresada, compartida, defendida. Es el disfraz que el ego usa en sociedad para validar su guion. “La gente es egoísta”, “La música de antes era mejor”, “La política está podrida”. La opinión no busca verdad: busca pertenencia, validación, control.
El ego como falsificador emocional
El profesor advirtió: el ego no crea emociones, pero las falsifica. Las exagera, las reprime, las recicla. Usa el miedo para justificar el control, la tristeza para obtener atención, la ira para imponer poder. El ego convierte la emoción en mercancía psicológica. Algo que se refleja en nuestro «mundo», actualmente tenemos miedo de ahí las guerras de Ucrania y Gaza; estamos tristes de ahí tanto colectivo de víctimas de esto y aquello, la ira que nos agrede a todos y a todo.
Pero hay una salida. Reconocer la emoción como lo que es: un impulso biológico, no una narrativa. Una herramienta, no un lastre o justificación. Sentir sin apropiarse. Observar sin identificarse. Dejar que la emoción cumpla su función sin convertirla en personaje, en otra careta más que ponernos. Esta situación es útil para identificar nuestra intención. ¿Para qué me pongo esta careta?
El teatro interno bajo investigación
Ese día, los alumnos que querían conocerse puede que comprendieran el caso e identificaran al sospechoso. El ego, ese hábil guionista, había estado manipulando el libreto emocional durante años. Pero ahora, con nuevas herramientas, podían distinguir entre sensación, emoción, sentimiento, creencia y opinión/ juicio. El teatro interno seguía en marcha, pero el público —la conciencia— comenzaba a despertar.
Una conciencia que denuncia a través de su lenguaje simbólico, la falta de actualización y aplicación de la misma; que nos permite ver cómo nuestro ego limita nuestras capacidades desde la tolerancia a la integración, ya que pretendemos entender –que no comprender- además desde una única forma las cosas… y al parecer eso no va a ser así, porque si incluimos las propiedades de la mecánica cuántica -que dice que para que algo sea posible (y todo lo es) existen varias y diferentes probabilidades de que esa posibilidad se manifieste.
Por ejemplo, a una consulta acuden cinco personas con dolor de rodilla (la posibilidad), si aplicamos los conceptos, cada persona/observador tendrá una historia diferente según su epigenética conductual, transgeneracional y pnl (las probabilidades).
Gracias. Expediente abierto a su comprensión.