La física cuántica introduce un principio de incertidumbre (Heisenberg, 1927), según el cual la observación misma altera el estado de lo observado. Como señaló Stephen Hawking, «la diferencia entre la física clásica y la física cuántica es que en la primera se pueden predecir posiciones y velocidades, y en la cuántica no».
El Observador y la Naturaleza Participativa de la Realidad
Uno de los postulados más disruptivos de la física cuántica es la disolución de la dicotomía sujeto–objeto. El observador no es un agente externo o pasivo, sino una parte activa en la determinación del estado cuántico. La conciencia del observador se propone como un factor determinante que colapsa la función de onda —es decir, el conjunto de probabilidades posibles de un sistema— en un resultado concreto y observable.
Desde esta perspectiva, la realidad no sería un fenómeno objetivo y externo, sino una proyección participativa influida por las creencias, emociones e intenciones del observador. Cada individuo interpreta la realidad a través de su propio modelo mental, generando una realidad subjetiva u “holográfica”.
El Experimento de la Doble Rendija y el Universo Participativo
El experimento de la doble rendija (Young, 1801) y sus posteriores versiones cuánticas demuestran que el acto de observación altera el comportamiento de las partículas subatómicas. Cuando no se observa, las partículas se comportan como ondas, mostrando patrones de interferencia; al ser observadas, actúan como partículas individuales.
La versión ampliada, conocida como el experimento del “elección retardada” de Wheeler (1978), revela que incluso una observación posterior puede determinar el pasado cuántico de una partícula. Esto sugiere que el universo no es un sistema mecánico independiente, sino participativo, donde la conciencia y la intención del observador pueden influir en la configuración de la realidad —incluso retrospectivamente—.
La Conciencia como Transductor Cuántico
Desde la Bioneuroemoción® la conciencia humana funciona como un transductor: convierte las posibilidades cuánticas (ondas de probabilidad) en manifestaciones físicas (eventos observables). Este proceso está mediado por las emociones, que determinan qué información se registra o se vuelve consciente.
Así, las experiencias emocionales intensas moldean la percepción, el recuerdo y la interpretación de los acontecimientos. Lo que carece de resonancia emocional simplemente “no existe” para la conciencia. La interacción entre percepción, emoción y materia sugiere una retroalimentación entre la mente y la realidad física.
Autoconocimiento, Conciencia y Transformación
El individuo, condicionado por programas heredados y creencias inconscientes, suele vivir en un estado de automatismo o “hipnosis cultural”. La transformación consciente implica observar y modificar esas creencias, generando nuevos patrones emocionales y perceptivos que permiten construir una realidad diferente.
El proceso de autoconocimiento se plantea, entonces, como un medio para acceder a niveles superiores de conciencia, entendiendo que el cambio en la realidad externa comienza por una reconfiguración interna del observador.
Bibliografía
- Bohr, N. (1935). Can Quantum-Mechanical Description of Physical Reality Be Considered Complete? Physical Review, 48(8), 696–702.
- Heisenberg, W. (1927). Über den anschaulichen Inhalt der quantentheoretischen Kinematik und Mechanik. Zeitschrift für Physik, 43(3–4), 172–198.
- Wheeler, J. A. (1978). The ‘Past’ and the ‘Delayed-Choice’ Double-Slit Experiment. In A.R. Marlow (Ed.), Mathematical Foundations of Quantum Theory. Academic Press.
- Hawking, S. (1988). A Brief History of Time. Bantam Books.
- Wigner, E. P. (1961). Remarks on the Mind-Body Question. In The Scientist Speculates. Heinemann.
- Goswami, A. (1993). The Self-Aware Universe: How Consciousness Creates the Material World. Tarcher.
- Zohar, D., & Marshall, I. (1994). The Quantum Society: Mind, Physics, and a New Social Vision. HarperCollins.