Una invitación radical (relato)

El Profesor José Linares, de la Academia de Física y Pensamiento Cuánticos Aplicados, saludó:

“Buenas tardes a todos”. “Hoy no os propongo una clase magistral de ecuaciones, sino una invitación radical: mirar la realidad con ojos nuevos. No como un espectáculo que simplemente sucede, ajeno a vosotros, sino como una obra de arte. ¿Y quién es el artista? Nosotros. Somos el observador, el protagonista, el creador de nuestra experiencia.”

Enriqueta levantó la mano con vehemencia. “Profesor, eso suena muy metafísico. ¿Cómo lo aterriza la física?”

Linares sonrió. “Excelente pregunta. La física cuántica nos susurra un secreto revolucionario: el acto de observar colapsa la función de onda y modifica lo observado. El universo se comporta de manera diferente cuando lo miras. Ahora, añadamos un ingrediente de la Bioneuroemoción: lo que sentimos determina lo que vemos. La conclusión es ineludible: vuestra conciencia y vuestras emociones no solo reaccionan al mundo, sino que lo transforman.”

Se acercó al pizarrón y escribió: La conciencia no observa, ¡crea!

“Imaginad la realidad como un campo de infinitas posibilidades, como una sopa cuántica donde todo coexiste. La elección de qué manifestación se materializa no se realiza con la fría lógica racional. Se elige con la emoción. Vuestra conciencia es un transductor cuántico. Convierte lo invisible –esas infinitas posibilidades– en experiencia palpable, y lo hace a través de lo que sentís. Lo que os emociona, lo que os mueve, incluso lo que os duele… eso es la fuerza que colapsa la onda en vuestra realidad.”

Otro alumno, Moraña, alzó la voz. “Pero, profesor, a veces siento que hay patrones que ‘me persiguen’, situaciones que se repiten una y otra vez, a pesar de que quiero cambiarlas.”

“Ahí entra la siguiente idea: La emoción es el filtro de tu mundo,” replicó Linares. “Esos patrones no son un castigo del universo. Es nuestro inconsciente hablándonos. Lo que no se comprende a un nivel profundo, se repite. Y lo que no se siente de verdad, no se transforma. La emoción es el puente más honesto entre nuestra historia y nuestro presente. Es el lenguaje del inconsciente. Cuando por fin nos permitímos escuchar esa emoción, sin juicio ni resistencia, el cambio ocurre. No fuera, en el patrón, sino dentro, en la percepción.”

Hizo una pausa. “Esto nos lleva al concepto más liberador: Podemos reescribir nuestro pasado. Sí, habéis oído bien. No podemos cambiar el hecho objetivo de lo que ocurrió, pero podemos transformar lo que vivimos, porque lo que importa no es lo que nos pasó, sino lo que sentimos sobre lo que pasó. Si hoy elegimos sentir, comprender y reinterpretar esa experiencia desde una nueva perspectiva de conciencia, estamos alterando la carga emocional de nuestra memoria, y por ende, transformando la resonancia de nuestro presente. Esto no es magia, es física cuántica aplicada a la vida: el poder de la percepción consciente.”

Finalmente, Linares se dirigió a ellos con una intensidad suave. “Nuestra mente biológica, esa interfaz, no es solo pensamiento, es memoria, herencia, historia. Nuestras emociones son el código para acceder a la información del campo cuántico que nos rodea. Os invito a emprender la senda del autoconocimiento. No a entender la física cuántica, sino a vivirla. A sentiros. Preguntaos: ¿Qué emoción estoy listo para comprender? ¿Qué historia estoy dispuesto a reescribir? El cambio no empieza fuera. Empieza en nosotros. En nuestra emoción. En nuestra conciencia. En nuestra decisión de mirar hacia adentro. Es la senda más poderosa, porque no nos lleva a ser alguien nuevo, sino a ser plenamente, y sin filtros, nosotros.”

La sala quedó en un silencio denso y reflexivo; los ojos de los alumnos ya no miraban la realidad, sino que empezaban a sentirse parte de ella.