¡Hola! me llamo Emilio José Aldao Linares, de A Coruña, Galicia, ¡aquí en España! Siempre he sido super curioso. Después de trabajar como socorrista en la playa, cuidé de personas mayores en un geriátrico. Luego, empecé a trabajar en el Servicio de Radiología y Medicina Nuclear en Urgencias del Hospital de Santiago (CHUS).

Fue allí donde mi vida dio un vuelco. Empecé a dudar si mi trabajo me llenaba del todo, porque los médicos no sabían explicarme por qué no se veía una falta de aire en una radiografía. Entonces, se me ocurrió hacer varias radiografías de tórax a gente sana, pero cuando pregunté, ¡me dijeron que nadie estaba sano! Me surgieron aún más dudas cuando, aprovechando que trabajaba allí, me hice radiografías del estómago (porque tenía problemas de colon irritable) y mis compañeros médicos ¡me detectaron un cáncer de estómago!
A partir de todo esto, la verdad es que mi vida me dio igual. ¿Para qué contarle nada a nadie? Esto iba muy de la mano con que yo ya me sentía poca cosa y con los problemas de salud mental que había en mi familia (constelación maníaco homicida y TOC), además de que en casa no se hablaba de enfermedades ni de buscar soluciones que tuvieran sentido.

Ahí me di cuenta de que nadie podía ni iba a hacer nada por mí. Y también pensé que igual había otra forma de entender lo que me pasaba, que TODO era una MENTIRA o que yo no sabía cómo afrontarlo.
Incluso vi que los que intentaban ayudarnos estaban igual de perdidos. Sí, saben leer análisis y, según lo que te pasa, te dan una pastilla u otra, pero lo más importante, ¿de dónde viene ese problema?, ni lo miran. Todo muy físico, sin tener en cuenta cómo nos sentimos, lo que heredamos de nuestros padres y ¡pasando totalmente de la Física Cuántica y de la CONCIENCIA! Vamos, que parece que no hacemos caso a cosas que ya se saben (y que incluso se han rechazado) que DEMUESTRAN lo que dicen.
Unos diez años después, buscando otras respuestas, ¡zas!, de repente empezaron a llegar. Fue después de que me «muriera» por dentro, de que hiciera ese acto de AMOR de empezar de cero, como si volviera a nacer. Me llegaron a través de unos vídeos de un tal Enric Corberá… Recuerdo que lo que más me flipó fue el título del primer vídeo: «El Despertar de la Conciencia Biológica y el ADN«. Pensé: «¿Qué narices será esto?». Siguiéndole la pista, descubrí lo que luego se llamaría Bioneuroemoción® y que se podía estudiar en España, ¡y encima estaba respaldado por varias universidades! En aquel entonces, se estudiaba en el Instituto Español de Bioneuroemoción (ahora Enric Corbera Institute) y, para mi sorpresa, la primera asignatura era Física Cuántica aplicada a la Biología, que años después se llamaría Conciencia de Unidad.
Puedo decir que desde entonces hasta ahora, lo que empezó con un vídeo se ha convertido en lo más importante de mi vida. Ya no veo las cosas como antes, sino que las entiendo y las vivo desde la Conciencia de Unidad, experimentando las leyes de la Física Cuántica. Es imposible explicar o hacer entender lo impactante que es vivir esto si no lo vives tú mismo.

¡Hola! mi nombre es Olaf del Castillo-Olivares: Mi trayectoria vital, marcada por una movilidad constante desde mi nacimiento en Madrid, ha estado influenciada por factores que sugieren una predisposición epigenética heredada. Esta dinámica me ha impulsado a explorar diversos entornos y experiencias.
Mi incursión temprana en el ámbito laboral, motivada por una búsqueda personal más que por una vocación específica, me permitió adquirir una amplia perspectiva. Destaco mi desempeño como traductor jurado y, posteriormente, como tripulante de cabina. Estas profesiones me proporcionaron una valiosa riqueza cultural y humana, además de mantenerme en constante movimiento geográfico y cultural.
Paralelamente, desde mi juventud, he sentido una profunda inquietud por las cuestiones espirituales, religiosas y filosóficas, cuestionando las aparentes contradicciones entre:
- La doctrina religiosa y su aplicación.
- La religión y las estructuras socioculturales.
- La religión y la dinámica familiar.
- La religión y mi experiencia personal.
Observaba una desconexión entre los principios morales y espirituales predicados y la realidad social, caracterizada por conflictos, injusticias y abusos, a pesar de preceptos universales como «no matarás» o «no robarás».
De entre todos estos principios, uno en particular resonó profundamente en mí: «Conócete a ti mismo«.

Esta máxima se convirtió en un cuestionamiento constante: ¿qué quiere decir? ¿cuántos de nosotros nos esforzamos realmente por conocernos? Esta inquietud me llevó a un recorrido autodidacta a través de diversas tradiciones espirituales y filosóficas: La Biblia, el Nuevo Testamento, religiones y filosofías orientales, el Tao Te Ching, y posteriormente Un Curso de Milagros. Finalmente, este camino me condujo a interesarme por algunos conceptos fundamentales de la física cuántica y su relación con la conciencia.
En un momento de crisis personal —enfermedad, rehabilitación médica, desempleo, crisis matrimonial y familiar— surgió una oportunidad transformadora. La visita de un amigo marcó el inicio de un cambio profundo, experimentando una inesperada mejoría física y, a raíz de la revelación de un secreto familiar, se desencadenaron eventos que modificaron radicalmente mi situación.
Así, conocí la Bioneuroemoción®, disciplina que me proporcionó un marco teórico inicial para comprender patrones emocionales y conductuales heredados y aprendidos. Sin embargo, comprendí que la verdadera transformación reside en la práctica constante y en la aplicación consciente de este conocimiento.
Actualmente, continúo profundizando en este camino de aprendizaje y autoconocimiento, integrando mis experiencias y dificultades, y asumiendo la responsabilidad de transformarlas. Vivo desde una nueva perspectiva, integrando paradojas y enseñanzas que encuentran reflejo en los principios de la física cuántica y en las tradiciones espirituales que me inquietaban.
Desde esta perspectiva renovada, invito a quien lo desee a explorar esta información, aplicarla y comprobar por sí mismo su alcance. El conocimiento teórico es valioso, pero solo a través de la experiencia personal es posible vislumbrar la verdadera dimensión de este mensaje.
