Desarrollo de competencias personales para la consecución del éxito laboral

Seguiremos hablando más adelante y con mayor profundidad del papel de la
organización en el desarrollo. Antes debemos ver el papel del otro actor protagonista
de esta función: el trabajador.
Peter Drucker acuñó el término “trabajadores del conocimiento” para referirse a los
trabajadores de los nuevos y futuros entornos. En comparación con los trabajadores
manuales de paradigmas laborales antiguos, los trabajadores del conocimiento orientan
su productividad hacia el valor añadido que aportan sus capacidades, no al trabajo
manual que puedan realizar. Es decir, el valor principal del trabajo de un cirujano no
reside en el acto de hacer un corte con un bisturí en un cuerpo humano y luego coserlo,
sino en el conocimiento que posee de la anatomía humana, de las diferentes patologías,
enfermedades o lesiones, de su experiencia en quirófano, etc.
El trabajador, por tanto, es el dueño de sus propios medios de producción (o de una
parte fundamental de ellos): las competencias.
Ser un trabajador del conocimiento implica autogestionarse, es decir, concentrar sus
conocimientos para una tarea o una serie de tareas determinadas. Esto tiene varias
consecuencias. Por una parte, se hace responsable de su trabajo, es decir, tiene que
reconocer sus puntos fuertes y débiles, asumir las consecuencias (tanto positivas como
negativas) de sus acciones, debe gestionar de manera autónoma el desarrollo y
crecimiento de su carrera profesional, así como controlar el tiempo qué dedica a cada
una de sus tareas, optimizándolo y desechando aquellas tareas que no sean necesarias
o cuya responsabilidad corresponda a otro trabajador de la organización.
Siguiendo con el ejemplo del cirujano, este debería saber cómo realizar su trabajo y tiene
que esforzarse por profundizar en los conocimientos específicos de su actividad
mediante una formación continuada. Esto no significa que actúe de manera aislada (el
hospital donde trabaje tendrá protocolos de actuación para el atendimiento de
pacientes y para las intervenciones quirúrgicas, y también puede proporcionarle o
facilitarle cursos o formaciones específicas), pero sí altera la relación organización￾trabajador.
El trabajador del conocimiento no es una pieza pasiva de la maquinaria empresarial, sino
un integrante activo con un ámbito de actuación delimitado y que se autogobierna
(aunque exista una gestión y control superiores). Trabaja en equipo pero de una forma
diferente. De este modo, el cirujano necesita del apoyo y del trabajo que aportan las
enfermeras, los celadores, el anestesista o el personal de administración. Sus tareas
están restringidas, pero dependen y están en relación con un equipo de trabajo. Por
tanto, debe trabajar en dos sentidos: sus competencias intrapersonales e
interpersonales. Y, para ello, como hemos visto, es necesario cultivar el
autoconocimiento, desarrollar la conciencia emocional, poseer una adecuada
autonomía y trabajar las habilidades sociales.
La autogestión está condicionada por la pertenencia a un equipo de trabajo. Una
herramienta muy válida para la autogestión es la conocida como matriz de Eisenhower,
desarrollada por Stephen Covey en base a las premisas sobre liderazgo del expresidente
de los Estados Unidos Dwight Eisenhower. Se divide en cuatro cuadrantes, que indican
mayor o menor importancia de las tareas y mayor o menor urgencia.

  • Representación gráfica de la matriz de Eisenhower. Fuente:
    https://www.eldefinido.cl/actualidad/plazapublica/6251/Aprende-a-ser-mas-eficiente-con-la-matriz-de Eisenhower/
    De acuerdo con esta herramienta, las tareas importantes y urgentes hay que ejecutarlas
    ya; las importantes pero no urgentes, planificarlas para ejecutarlas a su debido tiempo;
    las urgentes pero no importantes, delegarlas en otras personas; y finalmente las que no
    son ni importantes ni urgentes, desecharlas.
    El establecimiento de prioridades y objetivos es clave para alcanzar el éxito profesional.
    Realizar, planificar, delegar y eliminar son cuatro formas de encarar las tareas y todas
    ellas deben estar presentes en la autogestión. El trabajador que se encasille en una de
    las cuatro acciones o que confunda la importancia y la urgencia de las tareas difícilmente
    alcanzará el éxito profesional.
    El trabajador debe ser consciente de sí mismo, pero también de su papel en el equipo y
    en las redes en las que se integre dentro de la organización. La colaboración, la confianza
    y alcanzar un grado de interdependencia óptimo son los pilares sobre los que erigir el
    trabajo dentro de la organización.

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