Educación emocional
Rafael Bisquerra define la educación emocional como: El proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos los elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral.
Así pues, por un lado la comprensión y la gestión de nuestras emociones se pueden aprender y por otro, al tratarse de un proceso que ayuda a manejar y comprender nuestras emociones, cualquier sentimiento negativo a nuestro bienestar se puede desviar.
La educación emocional tiene como objetivo el desarrollo de las competencias emocionales. Para Bisquerra algunas pautas generales que nos ayudarán a mejorar nuestra inteligencia emocional son:
- Adquirir un mayor conocimiento de nuestras propias emociones.
- Identificar las emociones ajenas
- Desarrollar habilidades para comprender y gestionar las propias emociones.
- Prevenir los efectos perjudiciales de las emociones negativas.
- Desarrollar habilidades para generar emociones positivas ante situaciones tendentes a desembocar en una emoción negativa.
- Desarrollo de una mayor competencia emocional.
- Aprender a automotivarse.
- Adoptar una actitud positiva ante la vida.
Igualmente la educación emocional trata también, en supuestos y contextos determinados, temas como:
- Aprendizaje y desarrollo de técnicas de auto-ayuda para comprender y gestionar situaciones de estrés, depresión o ansiedad.
- Toma de conciencia de aquellos factores que pueden reportar bienestar.
- Potenciar la capacidad de ser feliz.
- Desarrollo del sentido del humor.
- Desarrollo de la capacidad para diferir recompensas inmediatas a favor de otras mejores aunque a largo plazo.
- Desarrollar resistencia a la frustración.
Si seguimos el proceso de aprendizaje, desarrollaremos y gozaremos de los beneficios que aporta la inteligencia emocional.