Con el nacimiento, la biología ha terminado el proceso de maduración y el bebé es expulsado de forma natural, pero es de vital importancia que éste permanezca en contacto físico con su madre.
«el contacto piel con piel durante la primera hora de vida es fundamental, tanto para el bebé como para la madre, lo denomino la “hora sagrada”.
Dr. Constanza Soto Conti
Recomendamos el artículo del sitio web La voz del muro, «Después de dar a luz hay una “hora sagrada” que los expertos recomiendan pero rara vez se cumple».
Es en este momento cuando el bebé vive su primera autonomía, su cuerpo físico comienza a funcionar separado del cuerpo de la madre, aunque todavía está totalmente fusionado con ella a nivel emocional.
“El nacimiento es un acto sagrado, una representación en la Tierra de la Creación de la vida. Dar a Luz es un acto sublime de amor, lleno de afecto y entrega. Toda madre, todo bebé, tiene derecho a vivirlo en toda su intensidad, con toda su carga emocional. Respetando el nacimiento, respetamos al Ser Humano, respetamos la Vida y sembramos semillas para un mundo mejor.”
Enrique Blay
Etapa de 0 a 3 años
Después del nacimiento, el bebé y su madre siguen fusionados emocionalmente.
Al no haber comenzado todavía el desarrollo del intelecto, conserva sus capacidades intuitivas, telepáticas, sutiles, que están conectadas con la madre.
La madre se mantiene desdoblada en el campo emocional, ya que su estado emocional se manifiesta tanto en su propio cuerpo como en el cuerpo del bebé, y el bebé siente como propio todo lo que siente su madre, sobre todo lo que ella no puede reconocer, lo relegado en su sombra.
El niño vive bajo la sombra de su madre, al menos hasta los tres años, y tiene como única realidad las emociones de ella.
Concretamente:
- si el bebé llora demasiado, si no es posible calmarlo después de cubrir sus necesidades básicas, la pregunta sería: ¿Por qué llora tanto su mamá?
- Si un bebé rechaza el pecho, la pregunta sería: ¿Cuáles son los motivos por los que la madre rechaza al bebé? entre otras. Las respuestas residen en el interior de cada madre.
- Este estado de fusión del niño con la madre va disminuyendo con el transcurso de los años, en la medida en la que su “yo soy” va madurando en su interior psíquico y emocional.
- Hacia los 3 años se da una segunda autonomía: se ha desarrollado el lenguaje, se controlan los esfínteres y la corteza cerebral se estructura a gran velocidad.
- Cuando el niño empieza a desprenderse de la fusión emocional, cuando dice «yo», el padre debe intervenir aportando estructura para la mente del niño en pleno desarrollo: es el padre, o la función paterna, la que establece la estructura para que el niño se desarrolle en el mundo adulto.
Es importante remarcar que hasta los 3 años de edad, las necesidades básicas del niño son el contacto, el alimento y la protección de la madre.
La presencia y protección del padre es un aporte necesario, pero el niño a esta edad, la recibe y la vive a través de la madre: si la madre se siente segura en relación con el padre, el niño se siente seguro; si la madre se siente maltratada por el padre, el niño recibe ésta información de desvalorización y sufrimiento; si la madre se siente apoyada por el padre, el niño percibe apoyo y estructura, etc.