Dividimos el sistema neurológico de las emociones en dos partes: el cerebro cognitivo y el cerebro emocional.
El cerebro cognitivo
El neocortex que permite razonar, tomar decisiones y en el se alimentan las emociones sociales. Controla la emoción consciente y tiene la capacidad de atemperar las reacciones emocionales que por un lado, nos pueden evitar problemas de tipo relacional y por otro asfixiar nuestras emociones.
Las emociones asfixiadas, no expresadas, pasan al inconsciente y quedan programadas esperando a desencadenarse y aflorar en otra ocasión. De no darse esta ocasión, el sistema límbico acaba expresándola en forma e síntoma o enfermedad.
El lóbulo frontal
Parte que se aferra a las ideas, conceptos y creencias limitantes, procesa entre un 3% y un 5% de la actividad total de la psique.
El cerebro emocional
Las emociones están reguladas por el tronco cerebral, sistema reptiliano (cerebelo) y el sistema límbico, encargado fundamentalmente de la supervivencia.
Es el soporte de las emociones, encargado de procesar la información de los sentidos, siendo muy sensible a las emociones básicas: miedo, asco, ira, tristeza y alegría.
Tiene la capacidad de desconectar del cortex puede tomar la iniciativa y realizar acciones de una forma instintiva, cuando las emociones nos inundan, somos incapaces de pensar lo que es mejor para nosotros, por eso se considera que las emociones son el vehículo que une el consciente y el inconsciente.
Sistema límbico
La amígdala:
Su función principal es la protección frente a cualquier amenaza, genera las emociones cuando hay algún tipo de sufrimiento.
Es responsable de que podamos escapar ante riesgo o peligro, también la que nos recuerda nuestros traumas infantiles y todo aquello que nos ha hecho sufrir en algún momento. Fija la emoción.
El hipocampo:
Su función principal es el recuerdo, almacena la memoria de todos los estados emocionales, estos son ampliados por las ideas, pensamientos, criterios, concepciones y creencias que, al repetirse continuamente refuerzan la posibilidad de la aparición de un desorden físico, cerebral o mental. Fija la situación conflictual en el espacio tiempo.
El tálamo:
Procesa todas las señales procedentes del entorno y puede percibir el dolor pero no localizarlo con precisión.
El hipotálamo:
Participa en la liberación de hormonas reguladas por el sistema nervioso autónomo (SNA), sus funciones incluyen control del apetito, patrones de sueño, regulación de temperatura corporal, conducta sexual y respuesta a la ansiedad.
Los ganglios basales:
Asocian pensamientos y sentimientos con acciones físicas, permiten automatizar el aprendizaje y están implicados con el control del movimiento.
El giro cingulado:
Colabora con la memoria emocional, está involucrado en la formación de emociones, procesamiento de datos básicos en relación a la memoria, aprendizaje y la conducta. Se centra en proporcionar comunicación continua desde el tálamo hasta el hipocampo.