El inconsciente y las dendritas neuronales

Otra característica de nuestro inconsciente biológico es que es atemporal.

El inconsciente vive todo siempre en el momento presente, recurre al cerebro para recordar (memoria) y dado que el cerebro es un receptor cuántico busca toda la información atrás en el tiempo mediante las resonancias mórficas o campos morfogenéticos y esto ¿dónde sucede?

Pues entre el axón y la dendrita que nunca se tocan, en un pequeño vacío llamado hendidura sináptica.

Esto quiere decir que todas las respuestas que nosotros podamos dar a una situación se encuentran disponibles en ondas de interferencia en dicho vacío, por lo que el universo sabe antes de que tomemos una decisión, cual vamos a tomar. El universo contiene TODA la información.

En este sentido el experimento de Benjamin Libet y los datos extraídos de los registros objetivos del mismo demuestran que el potencial cerebral de preparación aparecía antes de que el sujeto fuera consciente de que quería mover la muñeca; concretamente entre 300 y 500 milisegundos antes.

Esto se puede interpretar como que nuestro cerebro sabe antes que nosotros mismos que queremos realizar una acción o movimiento.

Este experimento supuso un conflicto con la idea de libre albedrío, término propio del ámbito de la filosofía que hace referencia a la creencia de que la persona tiene el poder de elegir libremente sus propias decisiones.

El motivo era que el deseo de realizar un movimiento considerado como libre y voluntario está, en realidad, precedido o anticipado por una serie de cambios eléctricos en el cerebro. Por lo tanto, el proceso de determinación o deseo de realizar un movimiento comienza de manera inconsciente. Parece que la expresión «son los pensamientos los que nos toman a nosotros» empieza a adquirir otra dimensión y sentido más literal.