La palabra emoción procede del latín del verbo “emovere” (mover, trasladar) con el prefijo “e-ex” (retirar, hacer mover, desalojar).
Por lo tanto, una emoción es algo que saca a uno de su estado habitual y que implica movimiento en una dirección concreta.
Las emociones son sustancias químicas llamadas neuropéptidos o neurotransmisores que refuerzan NEUROLÓGICAMENTE una experiencia.
Todo lo que sentimos -cada emoción- produce una sustancia química específica que se corresponde con esta información que circula por nuestro cuerpo y que es captada por los receptores de cada célula (ADN), produciendo un cambio en ella.
La función principal de las emociones es EXPRESAR cómo nuestro inconsciente procesa una serie de impactos emocionales y los refleja en nuestra biología.
Las emociones se expresan a través del cuerpo. Estas expresiones no son determinadas culturalmente, sino que son más bien universales, y tienen, por consiguiente, un origen biológico, siendo su sentido biológico nuestra preservación, a través de:
- facilitar una respuesta huida, miedo.
- provocar una acción de rechazo, asco.
- generar energía necesaria, ira.
- invitar al recogimiento, tristeza.
- la recompensa, alegría.
Los seres humanos tenemos en común una serie de emociones básicas, pero la forma de gestionarlas es totalmente personal y única, cada individuo posee su propio mapa cerebral o CONECTOMA, es decir, una propia representación interna del mundo en el que vive, formada por: creencias, opiniones, pensamientos, etc.
Por lo tanto la emoción INFLUYE en el modo en que se PERCIBE una situación. El inconsciente no se aviene a razones, es irracional se limita a sentir la emoción que el sistema cognitivo vive y se expresa en el sistema límbico que es el centro de la inteligencia emocional.
Las emociones nos hacen vivir experiencias que además unen un aspecto mental muy importante: PASADO, PRESENTE y FUTURO, que se traduce en sufrir en el presente por un suceso del pasado.
Afortunadamente la emoción se educa, de manera que se puede cambiar esta causa-efecto, mediante el cambio de la emoción inicial (suceso pasado) que me sigue haciendo sufrir en el presente.