El tejido conectivo

– ¡Eureka! exclamó el Dr. Bruce H. Lipton al darse cuenta de que podía cambiar el curso de su vida mediante el hecho de cambiar sus creencias.

Parece ser que ni los genes ni el ADN controlan nuestra biología -tal y como se pensaba- sino que son las señales procedentes del medio externo-celular las que controlan el ADN. De entre estas señales destacan los mensajes que proceden de nuestros pensamientos positivos y negativos. Así pues, nuestro cuerpo puede cambiar realmente si reeducamos nuestra forma de pensar.

De la creencia de que no somos más que frágiles máquinas bioquímicas controladas por los genes, estamos alcanzando la comprensión de que somos artífices de nuestras propias vidas y del mundo en que vivimos.

“La matriz viviente es, simultáneamente, una red mecánica, vibratoria, oscilatoria, electrónica y magnética de información vinculada con los procesos bioquímicos fisiológicos reguladores en donde todas las células reciben información sobre las actividades que están teniendo lugar en otras partes del cuerpo con una gran coordinación entre millones de puntos.”

(Dr. Joaquín González Aragón)

La matriz viviente: Es la que nos da la clave de cómo funciona nuestro cuerpo.

El órgano más importante del cuerpo es: el tejido conjuntivo. Se trata del órgano que conjunta todo, inter-penetra todo comportándose, curiosamente, como un chip. Por lo tanto, la misión del tejido conectivo es transmitir (mantener informado) a todo el cuerpo de lo que le sucede (al propio cuerpo) así como de nuestros pensamientos. En otras palabras el tejido conjuntivo hace que todo el cuerpo se entere.

Esto es una metáfora, una analogía o un holograma de lo que es el universo: «Cuando una parte del universo estornuda, la otra parte del universo dice “salud«.

El tejido conectivo (considerado el mayor órgano del cuerpo) es la clave para comprender la transferencia de información entre las diversas estructuras del organismo. Este tejido se ordena de acuerdo a un patrón sumamente regular propio de los cristales, estando formado por:

  • Tejido conectivo, que es la matriz extracelular;
  • Citoesqueletos, que es la  matriz intracelular. Son como una especie de canutillos que no contienen nada, y que de acuerdo al descubrimiento de Fritz Albert Popp, es por donde circulan los FOTONES.

Por lo tanto, toda la información del Universo circula por esos canutillos, y resulta que nuestro cerebro está formado por estos canales. Hasta tal punto esto es así que cuando cualquiera de nosotros dice: «tengo una ILUMINACIÓN» –atención a la palabra iluminación– no está diciendo nada místico, está diciendo algo que es real.

Nuestro cerebro capta y hace una translación convirtiéndose en una idea. Por eso decimos: «me he iluminado» «he tenido un flash» «se me encendió la bombilla«, etc.

De ahí que tenga sentido que una persona pueda venir a ti y decirte: «Por favor, ilumíname«. Incluso que sea una de las peticiones más comunes: «Universo ilumíname«.

La iluminación tiene lugar cuando alguien –en teoría, una persona en coherencia– a la que llamamos persona sabia y a la cual hemos acudido, te da una información -que no es más que la transmisión de fotones– que tú captas, de manera que te está enseñando otra forma de ver y de percibir, una forma de ver y de percibir que nos hará más libres y nos sanará.

Una persona que te ilumina en un momento determinado, es una persona que sabe estar al margen de la situación planteada, que sabe disociarse y tiene una perspectiva mucho más amplia de la que tienes tú.

Por ello, cuando nos encontremos aturdidos, cuando sintamos que nuestros pensamientos nos arrebatan la vida o nos arrebatan el corazón, en ese estado hagamos el esfuerzo de AQUIETAR nuestra MENTE, pidamos al Universo que nos ilumine; y no porque no seamos dios, sino porque no estamos ejerciendo como tal.

Es entonces cuando, por ejemplo, aparecerá en tu vida un libro, una persona,  una imagen, un hecho (una sincronicidad) que te hará reflexionar y si aprovechas la oportunidad podrás sanar tu percepción.