Los campos morfogenéticos

El bioquímico británico Rupert Sheldrake propone la idea de los campos morfogenéticos, los cuales ayudan a comprender como los organismos adoptan su formas y comportamientos característicos.

«Morfo viene de la palabra griega morphe, que significa forma. Los campos morfogenéticos son campos de forma; campos, patrones o estructuras de orden. Estos campos organizan no solo los campos de organismos vivos sino también de cristales y moléculas. Cada tipo de molécula, cada proteína por ejemplo, tiene su propio campo mórfico – un campo de hemoglobina, un campo de insulina, etc.

De igual manera cada tipo de cristal, cada tipo de organismo, cada tipo de instinto o patrón de comportamiento tiene su campo mórfico. Estos campos son los que ordenan la naturaleza. Hay muchos tipos de campos porque hay muchos tipos de cosas y patrones en la naturaleza…»

La gran contribución de Sheldrake ha consistido en reunir nociones vagas sobre los campos morfogenéticos (Weiss 1939) y formularlos en una teoría demostrable.

Las mentes de todos los individuos de una especie -incluido el hombre- se encuentran unidas y formando parte de un mismo campo mental planetario. Ese campo mental -al que denominó morfogenético- afecta a las mentes de los individuos y las mentes de estos también afectarían al campo. “Cada especie animal, vegetal o mineral posee una memoria colectiva a la que contribuyen todos los miembros de la especie y a la cual conforman, afirma Sheldrake. De este modo si un individuo de una especie animal aprende una nueva habilidad, les será más fácil aprenderla a todos los individuos de dicha especie, porque la habilidad “resuena” en cada uno, sin importar la distancia a la que se encuentre. Y cuantos más individuos la aprendan, tanto más fácil y rápido les resultará al resto.

El campo donde está conectada la información genealógica lo describe Rupert Sheldrake desde un punto de vista cuántico: “Existen en la naturaleza unos campos llamados morfogenéticos, los cuales son como estructuras organizativas invisibles que moldean o dan forma a tales cosas como plantas o animales, que también tienen un efecto organizador en la conducta”.

Estos campos morfogenéticos contienen información recopilada de toda la historia y la evolución pasada, algo a la manera de la “memoria racial” de Freud o el “inconsciente colectivo” de Jung o el “circuito neurogenético” de Timothy Leary. La resonancia mórfica, el principio de memoria colectiva, se puede aplicar al estudio del árbol genealógico. Cada familia tiene su propia memoria colectiva a la que todos sus miembros están conectados y tienen acceso.

La transmisión intergeneracional ocurriría pues en este campo mórfico, pues hay una memoria común compartida por todos los miembros del clan, hayan o no convivido en las mismas coordenadas espacio-temporales.

¿Esto podría ser otra forma de entender el inconsciente colectivo y el inconsciente familiar? ¿Daría respuesta al por qué los secretos y los no dichos de una generación ejercen ese tremendo efecto en las siguientes?

Claudine Vegh decía que “…vale más saber una verdad, aun cuando sea difícil, vergonzosa o trágica, que ocultarla, porque aquello que se calla, es subordinado o adivinado por los otros y ese secreto, se convierte en un traumatismo más grave a largo plazo”.

Anne Ancelin Schützenberger lo ha estudiado a fondo: “Los duelos no hechos, las lágrimas no derramadas, los secretos de familia, las identificaciones inconscientes y lealtades familiares invisibles” pasean sobre los hijos y los descendientes. Lo que no se expresa por palabras se expresa por dolores”.

El Campo de las infinitas posibilidades es un campo de ondas de información, donde la onda de información contiene un 2 con 20 ceros detrás de bits de información, por lo que hay una infinidad de posibilidades, que se manifiestan cuando el OBSERVADOR (yo mismo), mediatizado y programado por mis creencias, cultura y educación, crea su realidad… Siendo lo peor: que me quejo de esa realidad.

Despertar es darse cuenta de que podemos reprogramarnos, para lo cual resulta fundamental cambiar nuestras creencias, renunciar a nuestros valores y dejar de hacer cosas. En este sentido cuando no sepamos qué hacer, no hagamos nada. Mientras que cuando sepamos qué hacer, no nos demoremos en pasar a la acción.

Es muy importante ser sincero con uno mismo y esto es, precisamente, lo que no estamos dispuestos a ser. Existe un gran programa de bloqueo hacia la idea de cambiar nuestras creencias y renunciar a nuestros valores que se denomina «fidelidad al clan familiar«. Este bloqueo nos impide entre otras cosas alejarnos de nuestro entorno más tóxico –la familia– y acaba por matarnos.

Se trata de renunciar a los «es que«, «tengo que«, «debo de» etc o nuestras creencias irracionales mediante las cuales nos mentimos a nosotros mismos y hacemos cosas que no queremos hacer, soportamos lo que no queremos soportar, decimos sí cuando queremos decir no, etc., esto es, anulan nuestra inteligencia emocional, reprimen nuestras emociones que ocultamos en nuestro inconsciente y acaban manifestándose en un síntoma.