DESARROLLO DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL – 2

Desarrollo individual de la inteligencia emocional

Este desarrollo no es simplemente desear cambiar y hacerlo, sino que supone un proceso largo de adaptabilidad y mantenimiento de las nuevas conductas. Ya hemos visto que el mantenimiento resulta imprescindible. Es un proceso de cambio autodirigido, es decir, es el propio individuo quien decide cambiar algún aspecto de su inteligencia emocional. Estas son las fases del proceso:

Decidir quién soy y quién quiero ser 

Cuando alguien decide cambiar algún aspecto de su vida es porque la evaluación de su bienestar no es positiva y cree que podría mejorar.

Aquí debemos responder a las preguntas ¿Quién soy? ¿Quién quiero ser? y analizar la situación actual (yo real) para determinar qué queremos conseguir (yo ideal).

La imagen del yo ideal emerge de las ideas del ego, los sueños y las aspiraciones. La visión de futuro tiene un papel muy importante porque se van a generar imágenes de lo que perseguimos para incrementar el deseo. Ya hemos hablado del poder de la mente y de la fuerza que desear algo tiene en la motivación. Este deseo hace que nuestras actitudes sean positivas y que nosotros mismos nos motivemos para trabajar para lograr lo que deseamos.

En todo proceso de cambio emocional es muy importante la retroalimentación y la percepción que los demás tienen sobre nosotros, puesto que cómo nos perciben los demás puede ser el pilar fundamental del cambio. Muchas veces, lo que uno mismo piensa de sí mismo dista mucho de lo que perciben los demás, por lo que se debe encontrar un equilibrio entre ambas partes.

Conocer cómo nos vemos y cómo nos queremos ver, así como saber qué opinan los demás sobre nuestra conducta y la importancia que le damos a esa opinión nos ayudará a determinar un nuevo perfil y a establecer unos objetivos de cambio. 

Equilibrio entre conservación y adaptación 

Es importante que antes de querer cambiar algo tengamos muy claro qué es lo que valoramos de nosotros mismos y queremos mantener, de modo que tenemos que explorar nuestra conciencia y quedarnos con lo que contribuya a nuestro bienestar.

En todo conocimiento personal, el individuo tiene que ser capaz de conocer sus fortalezas y debilidades, ya que a menudo el cambio no reside tanto en cambiar lo que le debilita, sino en aprovechar las fortalezas y puntos positivos que presenta su personalidad. Aprovechar lo que tiene de bueno es tan importante como querer cambiar lo negativo.

La decisión de cambiar 

Después de explorar su conciencia y decidir quién quiere ser, el individuo tiene que valorar sus aspectos positivos y negativos y decidir cambiar o mantenerse en la situación actual. El principal cometido de esta fase es la creación y establecimiento de objetivos y un plan de acción para lograrlos. Definir unos objetivos es esencial en todo proceso de cambio. Deben ser concretos, claros y alcanzables. Tras fijar los objetivos, podremos trazar un plan de actuación. Al principio, esta estrategia le costará, pero a medida que vaya practicando, verá que su plan de acción se convierte en un hábito.

Pasar a la acción 

Tras decidir los objetivos y el plan para alcanzarlos, pasaremos a la acción, es decir, pondremos en práctica el plan de acción y evaluaremos los resultados obtenidos. Para lograrlo, experimentaremos el nuevo comportamiento y evaluaremos si los beneficios que nos proporciona nos gustan o no. A partir de esta evaluación, podremos saber si hemos diseñado un buen plan de acción y podremos modificarlo siempre que queramos.

Esta puesta en marcha es la fase más larga y requiere de mucha constancia. Puesto que trabajamos con emociones, tenemos que acostumbrar a nuestro cerebro a los nuevos comportamientos. No sirve probar unos días y considerar que es bueno y que contribuye a nuestro bienestar, sino que debemos entrenar a nuestro cerebro para que no vuelva a sus antiguos patrones.