El clima laboral se define como el medio ambiente humano y físico en el que se desarrolla el trabajo, por lo que influye en la satisfacción de los trabajadores y, en consecuencia, en la productividad, el rendimiento y los resultados de la empresa.
El clima laboral tiene que ver con las formas de trabajo de la dirección y con el comportamiento de los trabajadores, su manera de trabajar, relacionarse e interactuar con la empresa, con los recursos de que disponen y con la propia actividad de cada uno. Para medir el clima laboral podemos usar ciertos elementos:
Independencia. Mide el grado de autonomía de las personas al realizar sus tareas, estrechamente ligado a la flexibilidad y la libertad para realizar su trabajo. En otras palabras, puede decidir cómo hacer sus tareas, siempre y cuando cumpla con los plazos y requisitos. Cuanto más alta sea la independencia, mejor clima laboral habrá porque el trabajador se sentirá útil y valorado. La independencia, pues, también depende de la confianza del trabajador.
Condiciones físicas. Son las características medioambientales en las que se desarrolla el trabajo: la iluminación, el sonido, la distribución de los espacios, la ubicación de las personas, herramientas y utensilios, etc. Puesto que el clima laboral repercute en la productividad, el trabajador debe sentirse cómodo y motivado en su lugar de trabajo: luz natural y un espacio amplio y ordenado en el que no interrumpan ruidos y sonidos fomentará un buen clima laboral.
Liderazgo. Como hemos visto, el estilo de liderazgo y la actitud del líder influirán en la creación del clima laboral. En este sentido, competencias como la empatía, la flexibilidad, el compromiso y el diálogo serán elementos indispensables para crear un buen clima laborar y motivar a los trabajadores.
Relaciones. Para esta medición se contemplarán aspectos cualitativos y cuantitativos: el número de amistades; qué trabajadores se relacionan más o menos; la cohesión de los subgrupos que nazcan de estar relaciones; la manera de comunicarse; el grado de madurez y respeto; la colaboración; el compañerismo; la confianza.
Implicación. Supone el grado de entrega, predisposición y compromiso que los empleados tienen con la empresa. La implicación influye en el clima laboral al tiempo que el clima laboral influye en la implicación.
Organización. Considera el tamaño de la organización, su organigrama y la cantidad de niveles jerárquicos existentes. Incluye los puestos de trabajo; su I división; cooperación; especialización de las funciones y tareas; delegación; descentralización y centralización de la autoridad; y la toma de decisiones. Además, contempla la existencia o no de métodos operativos y establecidos de organización del trabajo.
Reconocimiento. Comprueba la existencia de sistemas de reconocimiento del trabajo bien hecho y mide sus recompensas. El reconocimiento no solo es felicitar a los trabajadores cuando logran los objetivos o superan situaciones adversas, sino que debe implementar dinámicas de premios y recompensas. Estas dinámicas motivan al trabajador y le hacen comprometerse con los objetivos: además de sentirse satisfecho consigo mismo, conseguirá una recompensa. Pese a todo, se deben utilizar con mesura porque pueden resultar dañinas para el clima laboral si se convierten en una competición fuerte entre los empleados.
Remuneraciones. La remuneración que reciben los trabajadores por hacer su trabajo es fundamental. Los salarios medios y bajos con carácter fijo no generan un buen clima laboral, ya que no permiten una valoración de las mejoras ni de los resultados. Respecto a salarios, existe una tendencia que muestra que la asignación de un salario inmóvil estanca a quien lo recibe. En cuanto a los salarios que sobrepasan los niveles medios, se afirma que son motivadores, pero no suponen impulsores directos del rendimiento de los trabajadores. Lo bueno para las empresas es que creen políticas salariales sobre la base de parámetros de eficacia y de resultados que sean medibles
Igualdad. La igualdad supone el mismo trato para todos los miembros de la empresa. En este sentido, un buen clima laboral destacará por la ausencia de discriminaciones (por motivos de sexo, raza o religión) y amiguismos o enchufismos. Es cierto que un superior no puede tener siempre la misma relación con todos sus empleados, pero el trato que cada uno de ellos reciba será el mismo. Si el trato es diferente se creará un clima de tensión que afectará al ambiente laboral negativamente.