La polaridad en el plano físico, mental y emocional

Vivimos en un mundo de conflictos y problemas, intentando continuamente eliminar a nuestro «enemigo». Creemos que resolver nuestros problemas es sinónimo de erradicar uno de los opuestos y que seríamos felices si pudiéramos eliminar los polos «negativos» y nos quedáramos solo con los polos «positivos».

Sin embargo, este supuesto es erróneo; lo positivo solo se define en función de lo negativo.

Para crear la materia, se necesitan elementos positivos y negativos. Si nos fijamos en el plano físico, nos damos cuenta que el calor y el frío son de la misma naturaleza y su diferencia consiste en una simple cuestión de grados.

Si destruimos el polo negativo de un enchufe, nunca obtendremos luz. El polo positivo y el negativo son dos caras de una misma moneda y pertenecen a una misma unidad. No son conceptos distintos, sino dos facetas del mismo concepto.

El universo siempre tiende al equilibrio y es precisamente esta continua tendencia la que genera el movimiento, es decir, la energía que provocan entre sí la resistencia de los complementarios.

Cuando en una noche oscura levanto los ojos al cielo y percibo el brillo de una estrella, lo que en realidad estoy viendo no es la estrella por separado sino la totalidad del campo, la estrella junto con el fondo oscuro. Por más drástico que sea el contraste entre el brillo de la estrella y su fondo de oscuridad, lo importante es que sin cada uno de ellos jamás se podría per-cibir el otro. Luz y oscuridad son, pues, dos aspectos correlativos de una única estructura sensorial”.

Wilber

Lo mismo sucede en el plano mental y emocional.

El amor y el odio son considerados diametralmente opuestos, completamente diferentes e irreconciliables.

Si los observamos desde el principio de polaridad, nos daremos cuenta que no existe un amor absoluto o un odio absoluto.

Hay muchos grados de amor y de odio y existe también un punto intermedio donde se mezclan de tal forma que es imposible distinguirlos.

Lo mismo podríamos decir del ego y el Self, el consciente y el inconsciente o el nacimiento y la muerte, todos ellos son constructos opuestos que permiten el desarrollo de nuestra existencia.

Cuando vivimos una situación cualquiera, esta no es más que una experiencia.

Vivir es transitar a través de las polaridades.

El problema reside en nuestra percepción, que hace que en un momento dado nos posicionemos: hacemos juicios sobre las polaridades, nos identificamos más con una u otra o pensamos que una es correcta y la otra es un error.

Cuando el posicionamiento que tomamos es excesivo, ampliamos la distancia entre los dos polos y generamos un desequilibrio.

Este desequilibrio es justamente el que nos lleva a experimentar ciertas situaciones como desagradables o negativas.

Cualquier experiencia vivida desde el posicionamiento excesivo quedará anclada en nuestra biología y grabada en nuestro inconsciente personal.

A su vez, ésta seguirá reforzándose mientras sigamos percibiendo otras situaciones parecidas desde el mismo posicionamiento.

Por ejemplo, alguien que opina que la generosidad es adecuada y correcta y que el egoísmo —su polo opuesto— es negativo y perjudicial, si no es capaz de equilibrar estas polaridades es posible que, por ejemplo, acabe viviendo una vida en la cual prioriza cumplir con las necesidades de todos los demás antes que las suyas propias. Además, al ser el egoísmo una parte de su sombra, es muy probable que sea algo que le moleste excesivamente en los demás.

En el momento en el que entienda la función de cada uno de esos posicionamientos —los beneficios que conllevan tanto la generosidad como el egoísmo— podré usarlos cuando el contexto lo requiera, no de una forma ciega y dogmática, sino desde la flexibilidad y la adaptación a su entorno particular.

Al integrar las polaridades podemos experimentar otra realidad que no está definida por nuestro posicionamiento, sino por una decisión libre de condiciones.

Cada vez que volvemos a experimentar una situación parecida es una oportunidad para poder cambiar la forma de percibirla.

Mantenerse en una de las dos polaridades responde a un exceso y es importante observar si nos conviene seguir posicionándonos o encontrar una alternativa que equilibre los opuestos.

La psique se organiza en polaridades o pares de opuestos. Un sesgo hacia un polo tiende a ser compensado por su contrario.

El proceso de individuación y de la vida psíquica, en general, se basa tanto en las tensiones entre fuerzas antagónicas como en la compensación de los desequilibrios que se derivan de ellas.

El inconsciente con su orientación constructiva hacia la totalidad se esfuerza por compensar, esto es, para traer ciertos desequilibrios en la psique en equilibrio.