«El ego, por su parte, se refiere a nuestro o “yo” o «sí mismo» (con “s” minúscula) inauténtico, que lucha por sobrevivir en un entorno difícil y por encontrar la aceptación en el mundo convencional.
Es, por tanto, el resultado de las múltiples e inevitables adaptaciones a fuerzas que no pueden tolerar la auténtica expresión del «Sí mismo». Hay muchos aspectos del «Sí mismo» auténtico que resultan inaceptables para el ego ideal y acaban desterrados en el fondo de un baúl del desván.”
Zweig y Wolf
Proceso de construcción de la personalidad inconsciente.
En esta primera fase, el individuo se construye como respuesta adaptativa a las normas familiares y sociales.
La constitución del ego como ente diferenciado del conjunto de la psique se establece como objetivo principal en la primera mitad de nuestras vidas.
Un ego que debe funcionar de forma autónoma dentro de un sistema familiar para, posteriormente, adaptarse a un sistema social.
Cuando nacemos, formamos parte de un sistema ya establecido con una serie de roles en el que, como nuevos miembros, ocuparemos roles complementarios.
De esta forma, a medida que nos adaptamos, vamos construyendo nuestro ego y, con él, una identidad.
Desde nuestro nacimiento, estamos influenciados por nuestro entorno.
Tanto lo que queremos ser como lo que no viene determinado por lo que vimos en nuestro hogar o nos transmitieron nuestros padres, nuestros abuelos o nuestro entorno social.
Durante el desarrollo de la personalidad vamos trazando líneas en forma de decisiones y, cada decisión supone crear otra polaridad en el sentido opuesto.
Cada parte de la conciencia adquirida crea más contenido inconsciente, y esto podemos observarlo, por ejemplo, en el eje que conforman persona y sombra.
Cada aspecto o característica que desarrollamos en nuestra personalidad implica generar un aspecto no desarrollado de nosotros que queda reprimido a un nivel inconsciente.
Paradójicamente, cuanto más estructurado y más fuerte es el ego, más extensa es la sombra, razón por la cual perdemos el acceso a muchos de nuestros recursos naturales, ya que se encuentran reprimidos.
Esta sombra se acabará presentando tarde o temprano en nuestras vidas, aunque al formar parte de ese contenido inconsciente se presentará siempre de forma descontrolada en forma de impulsos o proyecciones que nos generarán un desequilibrio emocional.
Lo interesante es darse cuenta de qué parte de nosotros no hemos podido desarrollar y no estamos pudiendo disfrutar debido al juicio que se estableció sobre ello.
Esta etapa egóica del desarrollo de nuestra conciencia acaba por formar un ser humano desconectado del «Sí mismo».
Dividimos nuestra psique en dos mitades que pueden parecer irreconciliables pero que juntas forman un todo. Nuestra naturaleza nos impulsa a volver a reunir estas dos partes a lo largo de nuestra vida.