Competencias de la sombra

Una vez tomamos conciencia de estos aspectos que tenemos ocultos en la sombra,
podemos trabajar con ellos y usarlos para nuestro crecimiento como individuos. Sin
embargo, para poder comenzar este proceso, necesitamos tener en cuenta algunas
condiciones o premisas básicas en el trabajo con nuestra sombra. A continuación,
definimos algunas de las principales:

Dejar de culpar a los demás. Una forma de ser conscientes de nuestra sombra es observar nuestra forma de relacionarnos con el entorno. Cuando nos posicionamos de forma desproporcionada ante alguna situación es muy posible que estemos bajo el influjo de la sombra. La tendencia siempre es expulsar la sombra hacia afuera para no verla en nosotros mismos. Es en ese punto es donde nuestra capacidad de reflexionar y analizar nuestro estado nos aportará el aprendizaje concreto de esa situación determinada. Responsabilizarte de tus estados emocionales es el primer paso para poder integrar aquellas partes de tu self que has ido rechazando a lo largo de tu vida.
• Asumir nuestra responsabilidad. Se trata de desarrollar una mentalidad holística, integral. Partir de una mente que comprende que las causas de los efectos que se manifiestan en la vida externa están en su interior, y que él o ella es responsable de las decisiones que toma y que provocarán estos efectos tangibles. Significa pensar que todo lo que ocurre tiene una razón de ser, un para qué.

Es un camino para ir paso a paso. La paciencia y la confianza son indispensables en nuestro trabajo con la sombra ya que, conforme más necesitemos ver la solución, más necesidad experimentaremos. Para poder ver con claridad cada uno de los pasos es necesario permanecer en un estado de centro, en una posición que nos permita disociarnos del ego y observar desde la distancia. En ocasiones, pretendemos encontrar la solución de forma inminente y esta impaciencia nos hace exigir una solución, pero es importante comprender que cada toma de conciencia llega cuando estamos preparados para integrarla, ni antes, ni después.

Exige renunciar a nuestros ideales de perfección. La sombra no forma
parte de la imagen que tenemos de nosotros mismos. Aunque parezca irrumpir de
la nada -evidenciando un abanico de conductas que van desde los chistes groseros
hasta la agresividad abiertamente destructiva- su presencia nos recuerda a un
visitante inesperado cuya visión nos avergüenza y nos llena de humillación. El
hecho de afrontar y re-apropiarnos de esos atributos constituye un proceso difícil
y doloroso porque, aunque la sombra puede contener algunos elementos
positivos, normalmente encierra los aspectos más abyectos, primitivos,
inadaptados y violentos de nuestra naturaleza que hemos terminado rechazando
por motivos morales, estéticos, sociales o culturales.
Exige aprender a vivir en la incertidumbre. Cuando comenzamos a
profundizar en nuestra sombra, podemos encontrarnos con situaciones y
momentos de angustia que ni tan siquiera imaginábamos que pudieran formar
parte de nosotros. Estas situaciones percibidas como dificultades son la antesala
de un tesoro que se halla escondido en las profundidades del inconsciente. Para
ampliar nuestra conciencia, es imprescindible deshacernos de toda expectativa
previa, ya que esas expectativas siempre provienen de la mente consciente, es
decir, de aquello que ya conocemos. Únicamente abriéndonos a lo desconocido
podremos acceder a nuevas formas de pensamiento que nos completen como
individuos y permitan nuestro desarrollo personal. Es como el paso que da el
héroe en cualquier película de aventuras, en el que acepta el desafío y comienza
su viaje, un viaje repleto de experiencias que hasta ese momento eran
desconocidas para él y que acabarán por conformar su esencia.

“El encuentro con uno mismo es, al principio, el encuentro con nuestra propia sombra. La sombra es el estrecho pasaje, la ventana angosta cuya dolorosa constricción resulta inevitable para todo aquel que aspire a llegar a la fuente más profunda. Uno debe aprender a conocerse a sí mismo para poder saber quien es, porque lo que nos aguarda detrás de la puerta es —sorprendentemente—
una ilimitada expansión llena de dudas hasta entonces desconocidas que carece aparentemente de exterior e interior, de arriba o abajo, de aquí o de allí, de mío y de tuyo, de bien o de mal. Es el mundo del agua… donde yo puedo ser al mismo tiempo esto y eso; donde puedo experimentar al otro en mí del mismo modo que el otro puede experimentarme a mí.” (Jung, C. citado en Zweig. C. y Wolf, S. G., 1999, p. 49).