Influencia de los silencios y secretos familiares

Los silencios tienen una base emocional muy clara: la vergüenza, el miedo al rechazo social o familiar, el miedo a quedar fuera del clan. Es por ello que las personas esconden
violaciones, adulterios, asesinatos, maltratos, herencias, hijos ilegítimos, incestos, niños
que nacen enfermos o discapacitados, adicciones, muertes inesperadas que se convierten
en duelos no realizados, entre muchos otros. Todos estos secretos se instalan en la primera generación y son ignorados por la segunda. Pero, desde una perspectiva transgeneracional y psicogenealógica, éstos acaban manifestando en forma de obsesiones, búsquedas, sufrimientos, pesadillas, enfermedades graves o accidentes. Los «silencios» también se puede manifestar indirectamente en la tercera y cuarta generación y a veces durante más de un siglo. Es a lo que Anne Schützenberger llamaba «lazos transgeneracionales».

Se considera secreto o silencio familiar un suceso que, en caso de ser expresado, puede ocasionar un trauma en la familia y/o puede poner en peligro al clan.

Según la psicóloga Bluma Zeigarnik, uno «olvida» lo que está concluido, lo archiva en un
lugar de la memoria y no vuelve a pensar en ello. Esto nos permite pasar de una cosa a otra en nuestro día a día y proseguir con nuestras vidas. Sin embargo, todo aquello que no haya sido cerrado y concluido ocupa nuestra mente de forma continuada. El efecto abrumador de las tareas sin concluir se conoce como el «efecto Zeigarnik». Por lo tanto, no es tan importante aquello que nos ocurrió, sino cómo lo vivimos y si para nosotros es un tema zanjado o sigue formando parte de nuestra sombra. Los hijos que no tienen información sobre sus padres o abuelos tienen muchas posibilidades de repetir parte de sus experiencias, aunque sólo sea para conocer de forma explícita parte de esa resonancia. Podemos comprender, entonces, la importancia de transmitir esa información de modo natural a nuestros descendientes, no avergonzarnos de nuestras vidas y tomarlo como un aprendizaje que quizás nuestros hijos o nietos puedan evitar repetir.
La información de nuestros ancestros se manifestará en nuestras vidas de muchas maneras y en muchos momentos. Esto no supone un castigo si comprendemos que el inconsciente es atemporal y que su propósito es salvaguardar la información para que las generaciones venideras hagan uso de ella, repitiendo los patrones si así lo desean o bien trascendiendo dicha información. Todo depende de la conciencia con la que se afronten las experiencias de nuestro día a día.
Esto es así porque responde a las características del inconsciente: es atemporal, inocente, lo asocia todo en primera persona y no distingue entre real y simbólico. Pero sobre todo es irracional; en este sentido, guarda la información del trauma del estrés sin juzgarlo. Tan sólo almacena la emoción —que en este caso es «negativa»— y la transfiere a la siguiente generación.
Para identificar la información deberemos prestar especial atención a los siguientes aspectos:

1. Las «repeticiones»: es uno de los aspectos más importantes a la hora de realizar el proceso de indagación. Algunos ejemplos pueden ser el de personas que tienen la misma enfermedad, o bien personas que han vivido situaciones traumáticas muy similares; accidentes que se repiten en edades muy similares, o roles en las relaciones de pareja que se repiten habitualmente. Este tipo de situaciones nos darán una pista para inferir que hay una información importante que los miembros de la familia están compensando inconscientemente.

2. Los «excesos»: se entienden como excesos aquellas situaciones que sobrepasan lo
habitual, lo lógico o lo general. Una preocupación excesiva por algún hijo, tratos
muy diferenciados entre familiares, situaciones estresantes que nos molestan y que
en principio no son tan graves, entre otros. Todo esto nos puede estar hablando de
situaciones dramáticas en la línea de vida de nuestros padres o abuelos que nosotros
estemos compensando con nuestro comportamiento.