Con «sombra» nos referimos a un sistema psíquico autónomo que delimita lo que es el Yo y lo que no lo es. Se trata, a nivel individual, de los aspectos negativos de la personalidad, la suma de todas aquellas cualidades desagradables que desearíamos ocultar y las funciones insuficientemente desarrolladas y, a nivel colectivo,
abarca desde el conjunto de valores morales y sociales hasta la sombra familiar, incluyendo la propia sombra de nuestros padres.
La sombra no constituye la totalidad de nuestra personalidad inconsciente sino que
tan sólo representa aquellos atributos o cualidades desconocidos o poco conocidos
del ego, aspectos que pertenecen, en su mayoría, a la esfera personal pero que
también podrían ser conscientes. En algunos casos la sombra también contiene
factores colectivos procedentes del exterior de la vida personal del individuo.
Desde que somos pequeños, diferenciamos aquello que “debemos hacer” de aquello
que “no debemos hacer” y vamos conformando nuestra personalidad en torno a estas
premisas. La forma en que se realizan estos aprendizajes no siempre es explícita sino
que, en ocasiones, se produce de forma muy sutil. Podemos sentir que, cuando
sacamos cierto tema de conversación, nuestro padre calla y mira en otra dirección,
con lo cual podemos inferir que ese tema no es adecuado hablarlo. Este aprendizaje
nos llevará a integrar un comportamiento concreto, por ejemplo que es mejor no
hablar de temas propios cuando estamos ante otro hombre, o quizás ante la familia y,
de este modo, pasamos a la sombra al personaje comunicativo que es capaz de
abrirse ante otros hombres o ante la familia.
Poco a poco, vamos “encontrando” una personalidad que nos hace especiales y nos
diferencia de los demás y esto, como hemos visto con anterioridad, es fundamental
para la correcta conformación del ego dentro de un contexto familiar y social. El
problema viene cuando entramos en un desequilibrio en la relación persona-sombra,
y esto puede manifestarse por exceso o por defecto. Si la sombra toma el control de nuestras vidas sin un ego estructurado, seremos incapaces de gestionar nuestros impulsos dentro de un contexto social y familiar y únicamente funcionaremos
de modo inconsciente, perdiendo el control de nuestras vidas y sintiéndonos apartados del mundo. Por el contrario, puede ocurrir que la persona se trague a la sombra, en el sentido de que existan tantas restricciones y tantas pautas que desconectemos de nuestros impulsos y nos sintamos vacíos y sin energía.
Esto puede ocurrir también en una misma persona -como el Doctor Jekill y Mr Hide-, es decir, que durante el día tenga un comportamiento ejemplar y por la noche lo compense siendo violento con los miembros de su familia. Como decimos, el universo siempre
tiende al equilibrio, por lo que la mejor solución siempre será equilibrar los comportamientos y darle espacio a nuestros impulsos para poder gestionarlos de forma controlada y comprender qué nos quieren decir. Un ejemplo de integración de sombra puede ser alguien que se dedique al boxeo de forma profesional, parte de su sombra
considerada como “violenta” aparece de forma controlada, con reglas y dentro de un contexto en el que socialmente está permitida.
Conectar con la sombra supone conectar con situaciones de un alto contenido emocional, supone volver a situaciones que el niño experimentó como dolorosas, momentos en los cuales tomamos decisiones acerca del mundo que, en ese momento, nos sirvieron para adaptarnos a nuestro ambiente pero que, desde la perspectiva del adulto, han quedado obsoletas.
Cuando aparece la sombra se produce un efecto similar a sentir que un traje se te ha
quedado pequeño pero tienes miedo a quitártelo por no sentirte desnudo. Otra
posible resistencia a quitarte ese «traje» puede ser el temor a qué puede ocurrir en el
equilibrio de tu entorno social y familiar en el momento en el que decides ampliar tu
conciencia y desarrollar partes de ti que estaban inactivas. Es habitual que muchos
de nuestros rasgos infantiles como la alegría, la confianza, la inocencia, hayan
desaparecido repentinamente sin saber en qué punto ocurrió ni cómo nos puede
estar afectando esto en nuestra edad adulta.
Así, la sombra permanece conectada con las profundidades olvidadas del alma, con la
vida y la vitalidad; ahí puede establecerse contacto con lo superior, lo creativo y lo
universalmente humano.
¿Dónde podemos identificar la sombra?
Existen diferentes formas de identificar la sombra. A continuación, desarrollaremos seis maneras diferentes y eficaces para observarnos a nosotros mismos y aprender algo sobre nuestra sombra:
• Observar nuestras proyecciones. Analizar nuestras proyecciones es la forma más rápida de conectar con nuestra sombra. Podemos fijarnos no sólo en aquellos aspectos que nos molestan de los demás sino también en aquello que nos atrae del otro. Cualquiera de los dos aspectos contiene partes de nosotros que no somos capaces de ver y, por lo tanto, de desarrollar. Los sentimientos negativos respecto a los demás, los enfados desproporcionados o el feedback que recibimos repetidamente por parte de los demás son formas de tomar conciencia de nuestra sombra. Cuando una persona acepta a los demás y es capaz de comprender e integrar rasgos ajenos como podrían ser la agresividad, la ternura o la sensualidad, está expandiendo su propio Yo.
¿Qué te molesta de los demás o del mundo? ¿Qué no toleras bajo ningún concepto? ¿Quién o quienes son responsables de algo negativo que ocurre en el mundo? ¿Qué no soportas de algún compañero de trabajo o de algún amigo? ¿Qué grupo de personas aborreces o te dan miedo? ¿Quién es tu ídolo y qué te gusta de él? ¿ Qué valoras de alguien cercano a ti?
• Detrás de aquello que nos avergüenza. Piensa en aquello que no te gustaría que supiesen de ti, aquello que tapas de tu vida actual o quizás de tu pasado, todo lo que no te permites compartir con tu pareja o tus amigos. Piensa también en aquellos aspectos de tu personalidad que te avergüenzan, incluso de tu aspecto físico y que te esfuerzas por tapar de alguna manera. Todo esto forma parte de tu sombra y, el hecho de taparlo, lejos de solucionarlo, simplemente aplaza el problema o incluso lo hace más grande.
En muchas ocasiones no mostramos estas partes de nosotros por miedo a ser rechazados, sin darnos cuenta que ya estamos proyectando rechazo a una faceta de nosotros que consideramos inapropiada. Es por esto que, tarde o temprano, por nuestro propio juicio, acabaremos por vivir este rechazo de forma externa por alguien de nuestro entorno. La inclusión en un entorno parte de la inclusión de todas las partes que componen mi ser, es decir, si yo doy cabida a todo lo que soy, podré empezar a darme espacio en mi entorno más cercano.
¿Qué es lo mas vergonzoso de mí? ¿Qué partes de mi personalidad me avergüenzan? ¿En qué momentos de mi vida no he estado a la altura de las circunstancias? ¿Qué es lo que me cuesta aceptar de lo vivido? ¿Qué situaciones o aspectos de mi vida escondo a los demás por miedo a ser juzgado?
• Nuestras adicciones. Nuestras adicciones también esconden parte de nuestra sombra. La adicción se caracteriza por la repetición compulsiva de una actividad pese a su carácter autodestructivo e incluso poco adaptativo para nuestro desarrollo y convivencia social. La adicción no tiene porque tener sustancias químicas de por medio, puede ir desde hacer cinco horas de deporte diarias hasta conectarse a las redes sociales constantemente. La adicción nos aporta estados físicos y mentales que son importantes para nosotros y que no hemos aprendido a generarlos de otra forma. Además lo conseguimos de forma rápida y sin gran esfuerzo, se trata de una compensación rápida, un camino fácil para llegar a un estado que, en el fondo, está compensando algo que no está siendo gestionado.
¿A qué soy adicto? ¿Cómo evado mis problemas? ¿qué consigo con mi adicción? ¿qué me impide reaccionar de otra manera? ¿qué estado no me permito sentir y consigo con la adicción?
• Detrás de los síntomas físicos. El cuerpo está completamente conectado con el
inconsciente y refleja nuestros estados emocionales de diferentes formas. Es
importante pararse a reflexionar acerca de qué mensaje me está transmitiendo mi
estado físico y que dice mi cuerpo de mí.
¿Qué mensaje quiere transmitir mi cuerpo? ¿Qué puede estar reflejando este síntoma? ¿Qué situación de estrés ha sucedido en el ambiente emocional que he vivido previamente a su aparición?
• Durante la mediana edad. Hemos visto que a lo largo de la mitad de nuestra vida puede significar el comienzo de un proceso de transformación importante. En esta fase la sombra se puede presentar de muchas maneras, en forma de síntoma físico, de estado depresivo o de una sensación de desidia que nos inunda. Se trata de una fase en la que debemos replantearnos el compromiso que hemos adquirido con nosotros mismos para decidir qué partes de nosotros queremos empezar a desarrollar. La mediana edad es un periodo en el que la sombra “no es preciso ir a su encuentro porque es ella la que nos encuentra a nosotros” (Zweig, C, 1999, p. 52).
¿Qué nos mueve a emprender una nueva vida? ¿Cómo se está expresando este cambio? ¿Qué vida aspiro a tener? ¿Quién quiero ser a partir de ahora? ¿Qué partes de mí me gustaría desarrollar? ¿Qué me he privado de hacer todos estos años?
• En nuestros sueños. Los sueños suelen actuar como un puente entre el consciente y el inconsciente. Muchos de los cambios que necesitamos experimentar podemos percibirlos en los sueños mucho antes que en la vida exterior, el deseo o la tendencia siempre precederá a la acción. Son impulsos de nuestro inconsciente que debemos aprender a mirar y comprender. El sueño se desarrolla con una gran cantidad de contenidos simbólicos y, en un principio, puede ser muy complicado de interpretar. Prestar atención a nuestros sueños, tanto agradables como estresantes, puede servir como pista para conocer aquello que queremos hacer o desarrollar de nosotros mismos, los sueños son una ventana al inconsciente de gran utilidad.
¿Qué aparece en nuestros sueños? ¿Qué puede tener que ver con aquello que te da miedo en tu vida externa, o con aquello que te motiva? ¿Quién o quiénes aparecen? ¿Qué relaciones necesitas replantearte?