La física cuántica trata sobre los fenómenos que no pueden percibirse a escala humana. Muchos expertos están de acuerdo en que es imposible extrapolar los resultados del mundo microscópico al mundo macroscópico. Es lo que se conoce como el fenómeno de la «de-coherencia».
La de-coherencia es la aparente pérdida de las propiedades cuánticas cuando nos trasladamos al mundo macroscópico.
Actualmente, multitud de expertos sostienen la hipótesis de que una de las razones por las que se produce la de-coherencia es debido a que, a medida que los objetos adquieren un tamaño mayor, su longitud de onda se reduce, sin llegar a desaparecer. Entre otras, la hipótesis y ecuaciones de Louis De Broglie, ganador del premio Nobel de Física en 1929 por el descubrimiento del comportamiento ondulatorio del electrón, demuestran que a medida que aumenta la masa de un cuerpo o su velocidad, disminuye notablemente su longitud de onda. Es decir, los cuerpos macroscópicos también tienen asociada una onda, pero, dado que su masa es tan grande, la longitud de onda resulta tan pequeña que en ellos se hace imposible apreciar sus características ondulatorias. Esta hipótesis se generalizó para considerar que toda entidad física tiene una naturaleza dual, de tal forma que su comportamiento global presenta dos aspectos complementarios: ondulatorio y corpuscular.
Hasta finales del siglo XIX, los principios de la física clásica de Newton permitían explicar prácticamente cualquier acontecimiento observado en el mundo. El Universo empezaba a parecerse a una «gran máquina», en la que todo era predecible. De este modo, los fenómenos que no podían ser explicados bajo los principios de la física
clásica quedaban relegados a la filosofía. Sin embargo, los experimentos cuánticos realizados en los últimos años han debilitado esa frontera e invitan a ampliar el ámbito de la física para introducirse al ámbito de la filosofía y la psicología.
El dominio de la física clásica nos ha llevado a asumir que no ejercemos ninguna influencia sobre lo que nos sucede y, por ello, pretendemos cambiar nuestra experiencia mediante modificaciones externas, ya sea en el entorno o en nuestra conducta. Los distintos experimentos realizados en el ámbito de la física cuántica nos sugieren un nuevo paradigma en el que nuestra conciencia tiene un papel determinante. La extrapolación de la paradoja de la dualidad onda/partícula supone un cambio de paradigma, un cambio en la forma de ver y por lo tanto de interaccionar con el mundo que nos rodea. Mientras desde el paradigma determinista estamos al margen de todo lo que observamos, desde el paradigma metafísico el mundo que nos rodea está en constante interacción con nosotros.
La física cuántica como variable determinante para explicar los fenómenos y dinámicas cotidianas que experimentamos con nuestras relaciones es otra de las hipótesis que sostiene la Bioneuroemoción, en un intento de concebir el mundo microscópico y macroscópico como dos perspectivas que difieren en escala, pero que forman parte de lo mismo. Resulta llamativo que, lo mismo que sucede con una pareja de partículas entrelazadas, suele suceder también en las relaciones humanas. Solemos confluir con quienes parecen ser nuestros opuestos. Si prestamos atención a una pareja que conozcamos personalmente, es fácil darse cuenta de que uno manifiesta unos rasgos de personalidad que el otro no muestra y viceversa, de tal modo que se complementan y completan. Lo mismo suele suceder con nuestras amistades y las relaciones familiares.
Como afirma la física cuántica norteamericana Danah Zohar (1990) en su libro «La conciencia cuántica: la naturaleza humana y la conciencia definidas por la nueva física», la física cuántica “describe el funcionamiento interno de todo aquello que vemos y que, al menos físicamente, es”. Esta es una de las referencias que recoge la doctora Mª Pilar Grande Martín en su artículo mencionado anteriormente y a la que añade que “la física cuántica es una física de partículas, pero no por ello deja de ser aplicable a la vida de cada día, ni tan siquiera a nuestra concepción del Universo” (Grande, M.P., 1992).
Mª Pilar Grande, igual que tantos otros autores, opina que la física cuántica es «metafísica científica», es decir, una ciencia que puede llegar a explicar algunos de los principios filosóficos esenciales sobre nuestra realidad. Esto no significa que abrirse a los interrogantes de la física cuántica implique abandonar los postulados de la física clásica, que sabemos que funciona. La física cuántica y la física clásica pueden ser dos maneras complementarias de abordar la comprensión del mundo.
En este mismo sentido, el entrelazamiento cuántico puede equipararse con algunos principios relativos al psicoanálisis jungiano. Como explican sus analistas, una forma de conocer nuestra personalidad es examinar nuestras proyecciones, es decir, las valoraciones y los juicios que emitimos con respecto a las otras personas.
La proyección es un mecanismo inconsciente que acontece cuando se activa un rasgo o una característica de nuestra personalidad que permanece desvinculada de nuestra conciencia.
Como resultado de la proyección, percibimos nuestros rasgos inconscientes en la conducta de los demás y reaccionamos en consecuencia, viendo en ellos algo que forma parte de nosotros mismos pero que no reconocemos como propio (Jung, C.G., Campbell, J., et al., 1991).
Los distintos descubrimientos de la física cuántica y en especial aquellos relacionados con la dualidad onda/partícula y el efecto observador, apuntan hacia una dirección de investigación, centrada en la conciencia, que nos permita acceder a un mejor entendimiento del universo en general y de nuestra vida en particular. En las múltiples versiones del experimento de la doble rendija llevadas a cabo a lo largo de estos últimos años, se han intentado erradicar todo tipo de variables que puedan influir en los resultados obtenidos. En ese proceso, se ha comprobado que ciertos factores asociados a la conciencia como la experiencia en meditación, apertura emocional y otros factores psicológicos “correlacionaron significativamente con las perturbaciones del patrón de interferencias de la doble rendija”. Esto parece ser “consistente con la interpretación relacionada con la conciencia en el problema de medición cuántica.” (Radin, D., Michel, L., et al. 2012, p.157).
Teniendo en cuenta todo lo anterior, la Bioneuroemoción ofrece recursos a través de los cuales las personas pueden dejar de sentirse víctimas de lo que les sucede. Bajo el prisma de la Bioneuroemoción, quedan obsoletos conceptos como el azar y la aleatoriedad. De esta forma, cada acontecimiento o persona que nos encontramos en nuestro camino no puede más que hablarnos de nuestro estado de conciencia. A la hora de interpretar nuestra vida, nosotros somos responsables de identificar e integrar el aprendizaje que cada vivencia nos brinda. Al llevar esto a la práctica, nos damos cuenta de que detrás de cada situación hay una oportunidad de conocernos mejor.
Para la Bioneuroemoción, las evidencias de la física moderna permiten plantearse el desarrollo de una mentalidad o conciencia «cuántica», que contempla que los acontecimientos externos –considerados comúnmente inamovibles–, en realidad tienen un significado implícito que va más allá del determinismo. Este tipo de conciencia invita a olvidarse de pretender cambiar el entorno y centrarse en cambiar la percepción que tenemos de él. Parafraseando a Albert Einstein: “si no te gusta el mundo que ves, que sepas que no puedes cambiarlo, pero si cambias tu forma de ver el mundo cambiará tu universo”.
“A lo largo de la historia de la psicología, nos encontramos con múltiples ejemplos de modelos procedentes del campo de la física para la elaboración de teorías y/o modelos psicológicos. […] La psicología científica ha de hacer suyos los interrogantes abiertos por la física cuántica y perder el miedo a incluir entre sus intereses temas de estudio tales como: la conciencia, la realidad, la relación conciencia-realidad, la teleología, las categorías espacio-tiempo, el súper-holograma de la realidad o la observación participante.” (Grande, M. P., 1992).
Aunque los conceptos de la física cuántica puedan parecernos demasiado complejos y alejados de nuestra vida cotidiana, en realidad estamos continuamente disfrutando de las ventajas que se derivan de los descubrimientos realizados en este campo. Por ejemplo, tu ordenador o tu móvil personal funcionan gracias a la aplicación de la física cuántica; prácticamente todos los aparatos electrónicos actuales usan tecnología cuántica. Cuando hablamos de física cuántica estamos señalando una de las ciencias más exactas. Y dentro de la ecuación que permite esta precisión, hay ciertas variaciones que pueden ser explicadas a día de hoy si se incluye la hipótesis del efecto observador. Fred Kuttner y Bruce Rosenblum exponen esta hipótesis en su libro «El enigma cuántico», al afirmar lo siguiente: “¿Cómo se las arreglan los ingenieros y físicos que diseñan láseres y transistores para manejar fotones y electrones que unas veces son más pequeñas que un átomo y otras veces abarcan distancias macroscópicas? Lo consiguen cultivando una esquizofrenia benigna. Simplemente aprender cuando pensar de una manera y cuando de otra. Y, a todos los efectos prácticos, con eso basta” (Rosenblum, B., 2006, p.106).