Un cuento sufí para explicar simbólicamente la relación entre el Ego y el Self y cómo influye en el proceso de individuación:
El dueño de una gran mansión ha de salir de viaje durante un periodo indeterminado de tiempo. Debido a su prolongada ausencia, decide dejar al mando de la casa a su sirviente más capacitado y en el que más confía.
Al cabo de unos años regresa a su casa y, al llegar, se da cuenta de que el sirviente no le reconoce, no recuerda quién es. De hecho, el sirviente está convencido de que es el dueño de la casa.
El dueño, en un momento determinado, se ve obligado a llevar a sus guardianes a la casa para poder recuperarla.
«El sirviente y el amo»
Esta analogía puede verse reflejada en nuestros primeros años de vida cuando nosotros, los dueños genuinos, dejamos el control de nosotros mismos al ego —una parte de nosotros que cree ser la totalidad de nuestro ser—.
Durante esta fase de nuestras vidas, este ego gobierna de forma más o menos eficaz y, con el paso de los años, acaba por olvidar quién es el verdadero amo.
Como la gente no sabe quién es el verdadero amo, este oculta su identidad y acaba por olvidar cuál era su misión original.
Los «guardianes» a los que se refiere el cuento podrían ser el rechazo, la depresión, la proyección con la que culpabilizamos a los demás, etc.
Estas serán todas aquellas situaciones de dificultad que nos ofrecen la oportunidad de completarnos. Es decir, las diferentes formas en las que la sombra se puede manifestar.
Cuando somos capaces de afrontarlas y superarlas, encontramos la habilidad que nos permite recuperar el poder.
Entonces, el sirviente va sintiéndose cada vez más y más atrapado, pero acabará por dejar el control de la casa a su verdadero amo.
Es decir, el ego acabará por escuchar la voz del Sí mismo o «Self» y a colaborar de nuevo en beneficio de un propósito que lo trasciende a él.